viernes, 17 de mayo de 2019

El Asunto Némesis (III)

Búsquedas Infrarrojas
Otro de los argumentos en contra de Némesis empleados por Mike Brown y Konstantin Batygin es que esta supuesta estrella, compañera binaria del Sol, no ha sido detectada en las diversas búsquedas infrarrojas que se han llevado a cabo hasta la fecha: IRAS (1983), 2MASS (2001) y WISE (2011).

Las causas de esto pueden ser varias:

1.- Búsqueda inadecuada: Como ya explicamos en su día [1], el satélite IRAS buscaba fuentes infrarrojas en el plano de la eclíptica, donde giran los planetas del Sistema Solar, mientras que a la estrella Némesis se le atribuye un órbita bastante inclinada respecto de este plano. Esto dificulta en gran medida su detección, a lo que se le une la débil emisión infrarroja de Némesis dado su pequeño tamaño.
2.- Atmósfera terrestre: uno de los grandes inconvenientes para la exploración infrarroja del espacio desde la Tierra, ya que la mayor parte de la luz infrarroja que viene del Universo es absorbida por el vapor de agua y el dióxido de carbono que hay en la atmósfera. Sólo un rango muy estrecho de longitudes de onda pueden llegar (al menos parcialmente) a los telescopios infrarrojos terrestres.. Este fue el motivo que impulsó el lanzamiento de satélites para evitar este obstáculo. La búsqueda 2MASS se hizo con dos telescopios terrestres [2], por lo que los datos obtenidos con ellos no garantizaban la detección de Némesis.
3.- La órbita de Némesis: si Mike Brown y Konstantin Batygin hubieran leido el citado artículo de Piet Hut (1984), habrían visto que la órbita propuesta de Némesis está situada en el plano medio de nuestra galaxia, lugar donde se concentran la inmensa mayoría de sus estrellas, por lo que este plano emite una cantidad gigantesca de radiación infrarroja (ver figura 1). Ser capaz de detectar en esta región un microscópico puntito con una débil emisión infrarroja enmedio de este inmenso resplandor de fondo es extremadamente difícil.
Curiosamente, esta es una de las explicaciones que da Mike Brown cuando se le pregunta por qué no se ha detectado aún el Planeta 9: su débil luminosidad estaría tapada por el resplandor de este ecuador galáctico. Pero, incomprensiblemente, lo que es válido para su Planeta 9 no lo es para Némesis.
Figura 1. Plano medio de la Vía Láctea en infrarrojo captado por IRAS. Crédito: JPL NASA.
3.- Puntos ciegos: Por diversas causas técnicas, ningún satélite puede explorar el 100% del espacio, todos tienen puntos ciegos. La banda negra que se ve en la imagen de arriba es la zona del espacio que no pudo ser escaneada por el satélite IRAS. En esta imagen ampliada se puede ver que una zona oscura en el plano medio.
Figura 2. Zona del plano medio galáctico sin escanear por el IRAS.
Esta zona y puntos oscuros representan enormes regiones del plano medio galáctico donde no hay ningún dato IRAS, ahí puede haber cualquier cosa. Entonces, ¿cómo científicos de prestigio afirman que, como el satélite IRAS no detectó a Némesis, esta no existe?
Lo mismo le pasó al más moderno y avanzado satélite WISE, lanzado en 2009, como ya comentamos en su día [3], concretamente los datos obtenidos en 57.5, 130.5, 434.7, 300.5 grados cuadrados del cielo fueron excluidos en la publicación de "All-Sky Release Source Catalog" debido a la falta de calidad y fiabilidad de los mismos. ¿Qué puede haber en esas zonas del espacio? No se sabe.

5.- Limitaciones tecnológicas: toda tecnología tiene sus limitaciones y no se puede pretender que sea capaz de detectarlo todo, aunque con frecuencia se olvidan estas restricciones. En este blog ya señalamos [4] las limitaciones del satélite WISE cuando el programa de búsqueda infrarroja SIMP (2016), con base en tierra, descubrió el objeto SIMP J01365663+0933473, cuya masa, distancia y temperatura superficial están dentro del rango óptimo de detección de WISE.
Pero, mientras WISE fue capaz de detectar al objeto celeste infrarrojo WISE 1541−2250 [3], con masa y distancia similar a SIMP J01365663+0933473 y con una temperatura superficial de 26,7ºC, no "vio" a este SIMP que tiene una temperatura 30 veces superior y un elevado movimiento propio. Recordemos que WISE estaba diseñado para detectar estos cambios del movimiento propio.
Figura 3. Tabla comparativa.
Este no es el único caso, pues más de 100 de los 169 objetos infrarrojos detectados por el programa SIMP no habían sido descubiertos por programas anteriores (IRAS, 2MASS y WISE). Estas deficiencias demuestran que estas búsquedas infrarrojas no son "pruebas irrefutables" de que la estrella Némesis no existe, como pretenden hacer creer Mike Brown y Konstantin Batygin.

6.- Algoritmos limitados: la inmensa cantidad de datos que proporcionan los satélites infrarrojos tiene que ser procesada por programas de computador, cuyos algoritmos son los que, al final, presentan a los científicos los datos procesados. Evidentemente, estos algoritmos tienen también sus limitaciones. como quedó demostrado en 2017 por el programa "Backyard Worlds" [4].
Este era un programa de investigación que ofrecía al público en general la posibilidad de examinar visualmente conjuntos de imágenes del satélite WISE, ya procesadas y publicadas, para ver si detectaban algún cambio en ellas que, de existir, indicaría la presencia de un cuerpo celeste no visto anteriormente por los científicos que estudiaron sus datos.
Poco después, tres participantes en este programa descubrieron en esos datos WISE una estrella enana marrón, desconocida hasta este momento, situada a 110 años-luz que recibió el nombre de WISEA 1101+5400.
Figura 4. Animación de la nueva enana marrón.
 Crédito: NASA/WISE
En este año 2019, otro participante en este programa, Melina Thévenot, descubrió en estas imágenes WISE una fuente infrarroja que correspondía a una estrella enana blanca bastante inusual que, de nuevo, no había sido vista antes por los científicos.
Este descubrimiento se ha confirmado con observaciones a través del Observatorio Kerck (Hawai), nombrando a la nueva estrella como LSPM J0207+3331.
Los datos obtenidos señalan que LSPM J0207+3331 es una estrella blanca enana con una masa de 0.62 Ms (Ms= masa de nuestro Sol) y una temperatura superficial de 6.200º Kelvin (5.926,85°C), estando rodeada de un complejo disco de polvo que parece ser el responsable de la emisión en infrarrojo. Estos resultados se han publicado el 19/02/2019 en la revista "The Astrophysical Journal Letters"[5].
Figura 5. Recreación artística de LSPM J0207+3331.
Crédito: NASA’s Goddard Space Flight Center/Scott Wiessinger
¿Cuántas estrellas infrarrojas desconocidas siguen enterradas en los datos WISE o IRAS? ¿Cuántas quedan aún por descubrir en las cercanías del Sistema Solar?

Nada de esto se ha tenido en cuenta por Mike Brown y Konstantin Batygin (y la inmensa mayoría de la comunidad científica) a la hora de rebatir la hipótesis Némesis. Todos estos datos estaban a su alcance, pero es más fácil no leer a fondo las referencias que contradicen nuestras opiniones y dejarse llevar por los prejuicios personales. Todo lo contrario de lo que un verdadero científico debería hacer.
Continuará...

[2]Two Micron All Sky Survey (2MASS). https://irsa.ipac.caltech.edu/Missions/2mass.html
[4]"Nuevo Objeto Planetario cerca del Sistema Solar". HercoBlog 2018.
[5]"A 3 Gyr White Dwarf with Warm Dust Discovered via the Backyard Worlds: Planet 9 Citizen Science Project", John H. Debes, Melina Thévenot et al. The Astrophysical Journal Letters, vol. 872, number 2. 19 Febrero 2019.

lunes, 22 de abril de 2019

El Asunto Némesis (II)

Li y Adams 2016
En la introducción del nuevo trabajo de Mike Brown y Konstantin Batygin sobre el Planeta Nueve que comentábamos en la entrada anterior, hay otras referencias en contra de la existencia de la estrella Némesis, posible compañera del Sol.

Una de ella es: "...un trabajo más reciente indica que la probabilidad de la expulsión de Némesis del Sistema Solar por el paso de estrellas es del orden de una unidad sobre la edad del Sol (Li y Adams, 2016)".

En primer lugar, como el propio título de ese trabajo indica, "Interaction Cross Sections and Survival Rates for proposed Solar System Member Planet Nine" [1], sus investigaciones se refieren al Planeta Nueve y no a Némesis. En este artículo se estudian cuatro posibles escenarios teóricos que podrían haber dado lugar a que el Planeta Nueve estuviera en la órbita inicialmente propuesta por Mike Brown y Konstantin Batygin en 2016. Dos de estos escenarios contemplan la acción del paso de otras estrellas cerca del Sistema Solar.

En todos los casos, la expulsión del Planeta Nueve del Sistema Solar es el resultado más probable, siendo mayor cuando lo es su masa y semieje mayor de su órbita. Como extensión de estos resultados teóricos, Li y Adams pusieron una nota al pié de la primera página de su artículo que dice: "Los resultados de esta carta indican que Némesis tendría una probabilidad insignificante de supervivencia en su órbita distante propuesta", ya que la masa y la órbita de Némesis son mucho mayores que la del Planeta Nueve.

Piet Hut.
Crédito: Nerissa Escanlar
Sobre esto hay que señalar que, al igual que en "La Hipótesis del Planeta Nueve" de Brown&Batygin, en las referencias (bibliografía) que acompañan a este artículo de Li&Adams NO APARECEN  ninguno de los otros dos trabajos publicados por Piet Hut sobre la estabilidad de la órbita de Némesis, siendo como son los más extensos y completos que se han hecho hasta ahora sobre este tema.

Para mayor claridad, vamos a recordar los artículos publicados hasta la fecha:

1.- "Extinction of species by periodis comet showers". M. Davis, Piet Hut y R. Muller. Letter to Nature. Nature, vol. 308, Abril 1984. Primera vez que se presenta la hipótesis de la estrella Némesis. Es el menos detallado de todos.
2.- "How stable is an astronomical clock that can trigger mass extinctions on Earth?". Piet Hut. Letters to Nature. Nature, vol. 311. Octubre 1984. Estudio de la estabilidad del sistema binario Sol-Némesis bajo la influencia de la marea galáctica y las estrellas pasajeras.
3.- "Evolution of the Solar System in the Presence of a Solar Companion Star". Piet Hut. The Galaxy and the Solar System, eds. R. Smoluchowski and M. Matthews (Univ. of Arizona Press). 1986. El estudio más extenso y completo de todos.
4.- "Nemesis: A Solar Companion?", Piet Hut, 2018, Website del Institute for Advanced Study, Princeton. https://www.ids.ias.edu/~piet/act/geo/Nemesis

La práctica habitual en las publicaciones científicas es poner las referencias de otros autores que apoyan los resultados publicados y/o la de los autores contrarios a los mismos, más aún cuando se están criticando sus conclusiones. Esto da seriedad y credibilidad a los artículos científicos.

En los artículos nº 2 y 3 de la lista anterior, Piet Hut analiza con profundidad el efecto de las estrellas pasajeras y la marea galáctica (entre otras influencias) sobre la estabilidad de la estrella Némesis, llegando en ambos casos a la misma conclusión: la hipótesis Némesis es viable.
  • Marea galáctica: fuerza de atracción ejercida sobre cuerpos estelares por el campo gravitatorio de una galaxia.
Veamos el resumen del ignorado artículo nº 3 de Piet Hut (1986):
"...se abordan cuatro pruebas cruciales de la teoría del compañero solar [Némesis], que se pueden resumir en las siguientes cuatro preguntas: ¿cuál es la vida útil esperada de un sistema binario tan amplio?, ¿cuán estable es el período orbital?, ¿causará una estrella compañera suficientes cometas para impactar en la Tierra como para ofrecer una explicación de las extinciones masivas periódicas? y ¿una estrella compañera no agotará excesivamente el reservorio de cometas con tantas perturbaciones fuertes?.
Se discuten detallados cálculos numéricos de órbita que responden a estas preguntas, mostrando que la teoría de Némesis es viable".
 Como ejemplo, veamos la figura 2 del artículo nº 2 ("How stable is...") que muestra cómo evoluciona en el tiempo (en millones de años, eje horizontal) la distancia entre el Sol y Némesis (medida en parsec, eje vertical), estando la órbita de esta última situada en el plano de nuestra galaxia.

Como se puede ver, hay una notable estabilidad en la órbita de Némesis en un período de 250 millones de años, el mismo que usaron los paleontólogos Raup&Seposky en su artículo sobre extinciones masivas periódicas. Los acercamientos periódicos al Sol de Némesis (perihelios) oscilan entre 23 y ~34 millones de años, cuya media sería unos 28 millones de años, lo cual concuerda bien con el periodo de 26-27 millones de años para las extinciones masivas anteriores.
Recreación artística de un sistema binario.
Crédito: ESO
No se entiende por qué Li&Adams primero, y Brown&Batygin después, han ignorado los importantes trabajos nº 2 y 3 de Piet Hut, cuando afirman que la probabilidad de que exista Némesis es despreciable, y sólo referencian el artículo nº 1, precisamente el menos extenso y detallado de todos. ¡Qué curioso!

La razón posiblemente sea el gran defecto que lastra la Ciencia demasiadas veces: los prejuicios subjetivos ante propuestas rompedoras de esquemas previos, establecidos como dogmas inquebrantables. Recordemos las palabras de Richard Muller (uno de los autores de la hipótesis Némesis) que dijo al respecto en 2002 [2], los enfatizados son nuestros:
El comentario de Bailey también calificó el artículo de Hut ( octubre 1984), como una "retractación virtual" de la teoría de Némesis. Sin embargo, Hut (1984, comunicación personal) considera que su trabajo es una reivindicación de los cálculos originales de Némesis, no una retractación. M. Bailey (1984, comunicación personal.) dijo más tarde que nunca escribió las palabras "retractación virtual", sino que habían sido insertadas por el editor de "Nature"
Una encuesta informal y no científica entre los astrónomos que desacreditan la órbita de Némesis (hecha por mí en la década siguiente) demostró que ninguno de ellos había leído el artículo de Hut. Esto no es sorprendente, ¿para qué molestarse en leer un artículo cuando, según el comentario que lo acompaña, equivale prácticamente a una retractación de su contenido?
Si nadie leía el artículo de 1984 (el nº 2), menos leerían el de 1986 (nº 3), mucho más completo, en el que se reafirmaba la viabilidad de Némesis. Y esta actitud anticientífica sigue hoy en día.
Continuará...


[1] "Interaction Cross Sections and Survival Rates for proposed Solar System Member Planet Nine", G. Li and F.C. Adams, The Astrophysical Journal Letters, 823:L3,  Mayo 2016.
[2] Ver esta entrada: https://hercolubus-planetarojo.blogspot.com/2018/06/la-orbita-de-nemesis.html


viernes, 12 de abril de 2019

El Asunto Némesis (I)

En el pasado mes de marzo [1] comentábamos el nuevo trabajo de los astrónomos Mike Brown y Konstantin Batygin, titulado "La Hipótesis del Planeta Nueve", donde hacían un resumen actualizado de sus investigaciones sobre este hipotético planeta.

En ese artículo hay una sección, "El Asunto Némesis", que hace referencia a la estrella binaria, "Némesis", compañera oculta del Sol, propuesta en 1984 por el Dr. Richard Muller (entre otros) para explicar las extinciones masivas de seres vivos que se dan en la Tierra cada 26-27 millones de años [2].

Hay algunos aspectos en esa sección que son bastante cuestionables, pero antes veamos lo que dice traducido al español:



El Asunto Némesis
Sección 1.4 de la "Introducción"

La década de 1980 fue testigo de la propuesta de que el Sol era en realidad parte de un sistema binario de estrellas. Esta vez, la motivación para el compañero estelar propuesto provenía de la paleontología: hace aproximadamente 65 millones de años, un evento de extinción masiva aniquiló a tres cuartas partes de las especies que vivían en la Tierra. Este cataclismo, que incluía, entre otras cosas, la desaparición de los dinosaurios (no aviarios) de la biosfera, ocurrió en lo que se conoce como el límite entre el Cretácico y el Terciario (K-T). En la capa de roca correspondiente a esta de la edad geológica, se observa que los sedimentos contienen altos niveles de iridio, un elemento que es relativamente raro en las rocas de la corteza terrestre, pero es mucho más abundante en asteroides.

La asociación de la capa de iridio con el límite de extinción llevó a la hipótesis que el evento fue causado por una colisión de un asteroide grande (~ 10 - 15 km) con la Tierra (Alvarez et al., 1980). El impacto resultante tendría consecuencias catastróficas sobre el clima y, a su vez, explicaría el fenómeno de la extinción masiva.

Aunque el evento de extinción del límite K-T es a menudo visto como el más dramático, está lejos de ser único: el registro geológico muestra inequívocamente que la biosfera de la Tierra ha experimentado una serie de eventos de extinción masiva. Además, aunque los datos son escasos, con 12 eventos distribuidos en un lapso de tiempo de ~ 250 Myr, algunos análisis han sugerido que estos eventos de extinción son periódicos, y recurrentes cada ~ 26 Myr (Raup y Sepkoski, 1984). 

Una forma de lograr una señal periódica en los eventos de extinción es que el Sol tenga un compañero estelar excéntrico, que perturba a los cometas en la nube de Oort en el intervalo de tiempo necesario (Davis et al., 1984). El compañero enano rojo/marrón previsto tendría por lo tanto un período orbital de unos 26 Myr y por lo tanto un eje semi-mayor de aanem ~ 88.000 AU. 

Este hipotético cuerpo se conoció como Némesis, llamado así por la diosa griega de la retribución. Aunque la estabilidad orbital del compañero propuesto no fue analizada de manera concluyente por Hills (1984); Hut (1984); Torbett y Smoluchowski (1984), un trabajo más reciente indica que la probabilidad de la expulsión de Némesis del sistema solar por el paso de estrellas es de unidad de orden sobre la edad del Sol (Li y Adams, 2016).

Una serie de búsquedas de Némesis no han dado resultado, empezando por una de la Universidad de California (Perlmutter, 1986), y continuando con los estudios infrarrojos realizados de IRAS (Beichman, 1987) y 2MASS (Sykes et al., 2002). Además, las pruebas para los eventos de extinción periódica en sí son débiles, lo que significa que la hipótesis de Némesis puede ser simplemente innecesaria. Una propuesta más modesta, motivada por la distribución de direcciones de afelios de cometas, se ha propuesto posteriormente, donde el Sol tiene un compañero de masa Joviano (referido como Tyche) en una órbita distante que perturba los cometas en la nube de Oort (Matese et al., 1999; Matese y Whitmire, 2011).

Sin embargo, el WISE (Wide-field Infrared Survey Explorer) ha puesto límites estrictos sobre la existencia de tales cuerpos en el lejano sistema solar. Específicamente, los objetos con la masa de Saturno y Júpiter están descartados a distancias de 28.000 UA y 82.000 UA, respectivamente (Luhman, 2014). En conjunto, estas encuestas de observación dejan poco que desear para cualquier supuesto compañero binario del Sol.


Datos Escasos
Como podemos ver, se afirma que la periodicidad de las extinciones masivas de seres vivos se ha establecido con "datos escasos", unos 12 eventos en 250 millones de años, como si esto le restara credibilidad. Sin embargo, Mike Brown y Konstantin Batygin publicaron en 1986 su hipótesis sobre la existencia del Planeta Nueve apoyándose en las extrañas órbitas de solo 6 asteroides lejanos, entre los millones y millones de cuerpos helados que hay más allá del Cinturón de Kuiper.

Si ellos aplicaran el mismo rigor que aplican a otros científicos, en cuanto a la cantidad de datos observados, su hipótesis del Planeta Nueve sería mucho más débil que la de las extinciones masivas. Incluso hoy en día, no llegan a dos docenas los asteroides que apoyan su propuesta.

Referencias Incompletas
Esta sección que estamos comentando adolece de una bibliografía incompleta. Así, sólo se menciona el trabajo pionero de David Raup y John Sepkoski de 1984 sobre la periodicidad de estas extinciones, pero omite los trabajos posteriores de Adrian Melott y Richard Bambach (2010, 2013, 2014 y 2017) que, no sólo confirman esta periodicidad sino que la amplían a un periodo de tiempo aún mayor de 542 millones de años. Además, la datación de estas extinciones masivas han resistido varios cambios en la escala de tiempo geológico, causados por el avance de la paleontología, lo que avala su coherencia.

Otra omisión notable es no mencionar la asociación demostrada entre estas extinciones y los grandes cráteres de impacto presentes en la Tierra, tal como mostraron los trabajos de Walter Álvarez&Richard Muller (1984) y Michael Rampino&Ken Caldeira (2015 y 2017). Esta asociación apoya la posibilidad de la existencia de una estrella  binaria con el Sol como causa de estas aniquilaciones periódicas.

Lo anterior deja sin valor la afirmación hecha más adelante de que "las pruebas para los eventos de extinción periódica en sí son débiles". La convergencia en resultados de dos líneas independientes de investigación paleontológica (datación de extinciones y datación de cráteres de impacto), realizadas durante décadas, no es precisamente una prueba débil.

Estas objeciones parecen más bien juicios de valor que verdaderos argumentos científicos.

La Órbita de Némesis
De nuevo sale el tema de la inestabilidad de la órbita de la estrella Némesis como prueba principal para negar su existencia. Este tema lo hemos tratado ampliamente en este blog [3] y creemos que hemos demostrado que está lejos de ser tan contundente como se afirma.
Crédito: Discovery Magazine. Traducción por HercoBlog
Llama la atención la frase "Aunque la estabilidad orbital del compañero propuesto no fue analizada de manera concluyente por Hills (1984); Hut (1984); Torbett y Smoluchowski (1984)...". No se puede analizar de forma concluyente la órbita teórica de algo que no se ha visto físicamente. La masa y la órbita propuesta inicialmente en 2016 por Mike Brown y Konstantine Batygin para el supuesto Planeta Nueve se han reducido a la mitad en 2019, después de nuevos cálculos. Así que no creemos que estén en posición de exigir a otros que hagan estudios teóricos concluyentes cuando los suyos no lo son. Estos estudios teóricos siempre serán más o menos aproximados y sujetos a cambios, en función de los datos reales que se vayan obteniendo.

Para que nos hagamos una idea de la dificultad de calcular con certeza la órbita de un cuerpo celeste real, se suele tardar un promedio de tres años, con la tecnología actual, en determinar de forma concluyente la órbita de los asteroides lejanos que se van descubriendo visualmente por los grandes telescopios.

Aquí volvemos a ver de nuevo referencias incompletas, pues no se menciona el estudio más profundo que hizo Piet Hut (Institute for Advanced Study, New Jersey, EE.UU., donde fue profesor Albert Einstein hasta su muerte) en 1986 sobre la posible presencia de Némesis en nuestro sistema solar [4], así como su artículo publicado en el website del citado Instituto en 2018 [5]. En ambos casos se reafirma en que es posible teóricamente la existencia de una estrella binaria, compañera del Sol desde el principio de la formación del Sistema Solar, que puede justificar la periodicidad observada de 26-27 millones de años.
Continuará...

2.- "Némesis. La Estrella de la Muerte". PDF disponible en la Zona Download de este blog.
4.-  "Evolution of the Solar System in the Presence of a Solar Companion Star"; Hut, Piet. The Galaxy and the Solar System, eds. R. Smoluchowski and M. Matthews (Univ. of Arizona Press). 1986.
5.- "Nemesis: A Solar Companion?" https://www.ids.ias.edu/~piet/act/geo/Nemesis


lunes, 1 de abril de 2019

Chicxulub: una Ola Mortal nunca antes vista

El asteroide que acabó con los dinosaurios provocó un tsunami de 1.600 metros de altura. Un estudio reciente reveló que el fenómeno produjo un maremoto global y olas tan grandes como nunca se han visto en la historia moderna.
Crédito: pixabay.com
Un grupo de investigadores estadounidenses descubrió que el asteroide que provocó la extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años generó un tsunami de una milla (1.600 metros) de altura que recorrió todo el planeta.

El equipo del Departamento de Ciencias de la Tierra y Medio Ambiente de la Universidad de Michigan realizó la primera simulación del maremoto desde el comienzo "hasta el final de la propagación de las olas", como señaló la investigadora principal, Molly Range.

La roca denominada Chicxulub, que medía 14 kilómetros de diámetro, impactó en lo que hoy es el golfo de México. "El asteroide de Chicxulub resultó en un enorme tsunami, el cual no se ha visto en la historia moderna", destacó Range en diálogo con Live Science. Y añadió: "No fue hasta el inicio de este proyecto que me di cuenta de la escala real de este tsunami, y ha sido una divertida investigación para compartir".
Color azul: agua; amarillo: sedimentos; marrón: corteza de granito.
Crédito: Bandon Johnson
¿Qué fue lo que pasó?
Para realizar la simulación, el equipo científico acudió a Brandon Johnson, profesor que estudia los cráteres de impacto en la Brown University en Rhode Island. Con su colaboración determinaron que en los 10 minutos posteriores al choque con la Tierra, el asteroide se hundió a 1.500 metros de profundidad y la explosión fue tan poderosa que aún no había agua dentro. "En este punto, el agua se estaba moviendo hacia el cráter" y luego de precipitarse "se retiró, formando una 'ola de colapso'", apuntó Range.

La investigadora sostuvo que "este tsunami se movió por todo el océano". En el golfo de México el agua alcanzó los 143 kilómetros por hora y en las primeras 24 horas, los efectos se extendieron hacia el Atlántico, así como a través de la vía marítima de América Central (que ya no existe, pero que conectaba el golfo con el Pacífico).

Después de la ola inicial, otras réplicas se dieron en distintas partes de la tierra. En el Pacífico Sur y el Atlántico Norte, alcanzaron una altura máxima de 14 metros. En el Pacífico Norte fueron de cuatro metros. Mientras tanto, el golfo de México vio olas de hasta 100 metros.

A modo de comparación, la ola moderna más grande jamás registrada en el hemisferio sur tuvo una altura 23,8 metros y golpeó cerca de Nueva Zelanda en mayo de 2018. Asimismo, el tsunami que devino luego del impacto del asteroide llegó a ser 29.000 veces más poderoso que el que asoló el océano Índico en 2004.
El tsunami Chicxulub: altura de las olas 48 horas después.
Crédito: Molly Range
Fuente consultada: RT
Recordemos que esta catástrofe que acabó con los dinosaurios está dentro del ciclo de 26 millones de años que asola la Tierra, provocando extinciones masivas de seres vivos y profundos cambios geológicos.

domingo, 17 de marzo de 2019

La Extinción Younger Dryas: nuevas pruebas

En una entrada anterior de este blog, "El Cometa que vino del frío", comentábamos los trabajos de investigación que llevaron a la conclusión de que, hace unos 12.800 años (Pleistoceno Tardío), se produjo una catástrofe planetaria que causó un enfriamiento brusco del clima, cayendo la Tierra en una mini edad de hielo conocida como "Período Younger Dryas" ("Dryas Reciente"), que duró unos 1.300 años. 

Este cambio repentino, provocó una extinción masiva de seres vivos, especialmente la megafauna presente en aquella época (mastodontes y mamuts entre otros) que alimentaba a las poblaciones humanas prehistóricas. 
Crédito: Frontier partisans
Esta extinción, junto con el drástico cambio climático, redujo los niveles de población humana entre un 30-60%, desapareciendo completamente algunas de ellas, como la Cultura Clovis paleoamericana, y pudo obligar a los supervivientes a hacerse sedentarios y empezar a desarrollar la agricultura como medio de subsistencia. Este cambio de poblaciones humanas nómadas a sedentarias fue trascendental, pues dio comienzo a nuestra civilización actual.

Los trabajos de investigación llevados a cabo por equipos internacionales de científicos de diversos países, entre los años 2007-2018, encontraron pruebas de esta catástrofe a lo largo de Norteamérica, América del Sur, Europa y Asia occidental. En 2018, un equipo internacional de 24 científicos hizo un macro estudio del estrato Younger Dryas (YDB) en más de 170 sitios diferentes en todo el mundo [1, 2]. Las conclusiones de este estudio señalan que hace 12.800 años, un cometa enorme de unos 100 km de diámetro se desintegró en el espacio exterior, chocando la Tierra con varios de sus fragmentos.
Crédito: UC Santa Bárbara
Este choque múltiple generó un incendio gigantesco a escala continental, afectando a América del Norte y Sur, Europa y Asia. Los datos recogidos señalan que este incendio abarcó unos 10 millones de km2 de la superficie terrestre, ardiendo el 9% de la biomasa del planeta. Las gigantescas cantidades de polvo y hollín lanzadas a la atmósfera crearon un "invierno nuclear" que, a su vez, se vio reforzado por varios mecanismos climáticos inducidos, todo lo cual desencadenó el enfriamiento abrupto del Dryas Reciente.

Mario Pino
Crédito: Academia.eu
Recientemente, 13/marzo/2019, otro equipo internacional de 16 investigadores liderados por el chileno Mario Pino (Instituto de Ciencias de la Tierra, Universidad Austral de Chile), ha publicado un nuevo estudio de la capa de sedimentos YDB en la localidad de Pilauco Bajo (Chile) [3]

Este trabajo presenta la novedad de que esta capa se encuentra a latitudes muy altas al sur del ecuador terrestre, cerca de 41 grados sur, casi en la punta de América del Sur. Hasta ahora, la gran mayoría de sitios YTB investigados se encontraban en el hemisferio norte.

Localización de 53 sitios YDB. Crédito: Mario Pino et alt.
Los marcadores geológicos encontrados incluían la presencia de esférulas microscópicas interpretadas como formadas por fusión debido a las temperaturas extremadamente altas asociadas con el impacto. La capa que contiene estas esferas también muestra concentraciones máximas de platino y oro, y las partículas de hierro nativo rara vez se encuentran en la naturaleza.

Esta capa de Pilauco Bajo también mostraba una estera negra de 12.800 años de edad, coincidiendo con el Younger Dryas, un cambio abrupto en la vegetación regional y la desaparición de artefactos humanos. Así mismo, se encontraron pruebas de un gran evento de quema de biomasa evidenciado, entre otras cosas, por micro-carbón y signos de quema en muestras de polen recolectadas en la capa del impacto. 

«Es, con mucho, el evento de fuego más grande en esta región que vemos en el registro que abarca miles de años», dijo James Kennett, otro de los autores del artículo publicado. Además, continuó, la quema coincide con el calendario de los principales eventos de fuego relacionados con el Dryas Reciente en otros continentes.

La distancia de este lugar, Pilauco Bajo, a 6.000 kilómetros del sitio más al sur estudiado de Suramérica, y su correlación con los muchos sitios del hemisferio norte, «amplían en gran medida la magnitud del evento de impacto de Younger Dryas», sentencia Kennett.

Esta es otra prueba más de cómo el destino del planeta Tierra y de los seres vivos que lo pueblan, incluídos nosotros, está en manos de enormes objetos extraterrestres que, de manera súbita, determinan quién vive y quién muere... algo parecido a lo que comenta V.M. Rabolú en su libro "Hercólubus o Planeta Rojo".

Fuente consultada: Periódico "ABC" (España)

[1] "Extraordinary Biomass-Burning Episode and Impact Winter Triggered by the Younger Dryas Cosmic Impact ~12,800 Years Ago. 1. Ice Cores and Glaciers", Wendy S. Wolbach et al., The Journal of Geology, Feb 01, 2018.
[2] "Extraordinary Biomass-Burning Episode and Impact Winter Triggered by the Younger Dryas Cosmic Impact ~12,800 Years Ago. 2. Lake, Marine, and Terrestrial Sediments", Wendy S. Wolbach et al., The Journal of Geology, Feb 01, 2018.
[3]"Sedimentary record from Patagonia, southern Chile supports cosmic-impact triggering of
biomass burning, climate change, and megafaunal extinctions at 12.8ka" . Mario Pino et alt. 
Nature Scientific Reports, Mar 13, 2019. 



domingo, 3 de marzo de 2019

La Hipótesis del Planeta Nueve

En 2016, Mike Brown y Konstantin Batygin del California Institute of Technology (Caltech), EE.UU., convulsionaron el mundo de la astronomía al proponer la existencia de un gran planeta desconocido en el sistema solar exterior, el Planeta 9 o Noveno Planeta, como la causa más probable de la extraña agrupación observada en las órbitas de varios KBOs (Objetos del Cinturón de Kuiper), tanto en dirección como en inclinación.
Recreación artística del Planeta 9. Crédito: Nagualdesign. Tom Ruen
Este Planeta Nueve tendría una masa ~10 Mt (Mt = masa de la Tierra), una órbita que le llevaría a unas 1.200 UA del Sol en su punto más lejano (afelio) y a unas 200 UA en el más cercano (perihelio), con una inclinación de 30º sobre la eclíptica (plano en el que giran los planetas de nuestro sistema solar).

Recientemente (febrero 2019), ambos investigadores junto con Fred AdamsJuliette Becker, de la Universidad de Michigan, han publicado una profunda revisión de su modelo inicial para el Planeta 9 en un nuevo artículo publicado en Physics Reports.
Crédito: The Search for Planet Nine
En este nuevo y extenso trabajo (92 páginas), "La Hipótesis del Planeta Nueve", se realizaron numerosas nuevas simulaciones por computadora para ajustar mejor el modelo del Planeta Nueve a los datos observados. Los resultados obtenidos apuntan a la existencia de un nuevo planeta con una masa de ~5-10 Mt, que reside en una órbita moderadamente inclinada (~15-25º) con un eje semimayor ~400-800 UA y una excentricidad entre ~0.2-0.5.

Estos datos hacen al Planeta 9 más pequeño y cercano al Sol de lo que se sospechaba anteriormente, y potencialmente más brillante, lo que facilitaría en principio su detección por los grandes telescopios.

En el website de Mike Brown, "The Search for Planet Nine", Konstatin Batygin ha hecho un resumen de este nuevo artículo que pueden descargarlo, traducido al español, desde el siguiente link:
MD5: B46F0B7F7F28A9BCA325D9255B829027
SHA-1: 83D86604031C620EF812C2C865C50404C18B7EDA

lunes, 18 de febrero de 2019

Encontrando al Planeta 9: La Búsqueda de un Nuevo Planeta

Título de un excelente vídeo de Christian Ready (Launch Pad Astronomy) que acabamos de publicar, subtitulado en español, en nuestro canal HercoBlog.

Este vídeo resume las investigaciones que han llevado a proponer la existencia de un desconocido Planeta 9, las dificultades que hay para localizarlo y los proyectos futuros sobre este tema.

Verlo online: clic arriba

Link vídeo canal HercoBlog: https://youtu.be/kBFa1Xm6SFI

DATOS
Archivo: 2019 Finding Planet 9 FF.mp4
Formato: MP4
Resolución: HD
Tamaño: 98,39 MB
Duración: 08:06 m.

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