martes, 12 de junio de 2018

La Órbita de Némesis

En una anterior entrada de este blog, "Némesis, la compañera oculta del Sol", vimos que el equipo científico formado por Marc Davis,  Piet Hut y Richard A. Muller propusieron en 1984 la existencia de una estrella desconocida, "Némesis", formando un sistema binario con el Sol, como explicación a las extinciones masivas de seres vivos cada 26 millones de años por causas extraterrestres, descubiertas por David Raup y Jack Sepkoski en 1984. 
Cualquier teoría o hipótesis que implique sucesos extraterrestres como grandes modificadores de la vida y geología en nuestro planeta, independientemente de las pruebas presentadas, es sistemáticamente rechazada, ignorada e incluso atacada por el conservadurismo de la mayoría de los científcos. Ya vimos el calvario que pasó Walter Álvarez y su equipo de Berkeley cuando propuso el impacto de un enorme meteorito en Yucatán (México) como la causa de la desaparición de los dinosaurios, antes de que se reconociera la validez de su investigación (ver "La Amenaza Extraterrestre"). La hipótesis Némesis, aún más revolucionaria, no iba a ser menos...

UNA ÓRBITA...¿ESTABLE O INESTABLE?
Unade las primeras críticas que se hizo a esta hipótesis es que, dada la distancia y masa propuestas para Némesis, su órbita sería inestable en el tiempo, lo cual haría imposible que fuese capaz de producir esas lluvia de cometas, procedentes de la Nube de Oort, cada 26-27 millones de años.
Traducción: John Hardand/HercoBlog. Clic para agrandar

Esta crítica está basada más en prejuicios que en datos reales. Pero dejemos que Richard Muller, unos de los autores de Némesis, lo explique con sus propias palabras (los enfatizados son nuestros).

La teoría de Némesis postula que hay una estrella compañera del  Sol, orbitando a una distancia de ~ 3 años luz, con un período de 26 millones de años. Si esta órbita tiene una excentricidad >~ 0.5, entonces pasa lo suficientemente cerca de la Nube de cometas de Oort como para desencadenar una lluvia de cometas en cada órbita. Tales lluvias  podrían conducir a las extinciones periódicas de la vida en la Tierra, y a los aumentos periódicos en la tasa de cráteres en la Luna.
Richard A. Muller

La órbita de 3 años-luz es la más grande conocida para cualquier sistema binario de estrellas, y ha habido una considerable especulación sobre la inestabilidad de su órbita. El artículo original (Davis et al., 1984) establecía que la órbita tenía una constante de tiempo de estabilidad de aproximadamente 1.000 millones de años (10^9 años), con pequeñas variaciones entre órbitas de unos pocos millones de años.

Posteriormente, se han publicado muchos análisis sobre la estabilidad de la órbita de Némesis, y estos se resumen de la siguiente forma:

Un estudio detallado de la estabilidad de la órbita de Némesis fue publicado por Piet Hut (1984) [1], basado en extensas simulaciones por computadora de los efectos de las estrellas pasajeras, usando una distribución realista de velocidades y masas de estrellas. Hut concluyó que la órbita de Nemesis era inestable a menos que estuviera cerca del plano de la galaxia. Sin embargo, la estabilidad que encontró para esta órbita estuvo de acuerdo con la estimación de 10^9 años del artículo original de Némesis. Pero también reiteró un sorprendente descubrimiento sobre la vida estimada de la órbita, es decir, que esta disminuyó linealmente con el tiempo. Esto contrasta con otros comportamientos conocidos, como la vida media de las partículas radiactivas. Para las partículas radiactivas, la vida media es independiente del tiempo; por ejemplo, los núcleos de Carbono 14 que permanecen después de 100.000 años, siguen decayendo con los mismos 5.700 años de vida media que los núcleos originales.

Para Némesis, el comportamiento es diferente. Cuando se formó, la vida útil esperada de Némesis habría sido unos 5-6.000 millones de años. Ahora que han pasado 4-5.000 millones de años, la vida residual es solo de 1.000 millones de años . Por supuesto, esto es solo el comportamiento promedio, y el comportamiento real de Némesis (mostrado en simulaciones específicas en Hut, 1984) podría mostrar repentinos cambios por el paso cercano de una estrella masiva.

La importancia del cálculo de Hut es que, si las estimaciones de la vida presente de la órbita de Némesis es menor que la vida del sistema solar, no significa que la estrella no podría haber sobrevivido durante ese período. Esta sutileza ha sido pasada por alto por muchos.

La teoría de Némesis se basaba en la idea de que los pasajes de la estrella compañera solar Nemesis a través de la Nube de Oort provocaría lluvias de cometas. El mismo número de "Nature" que contenía el artículo de Hut, contenía varios otros artículos sobre el mismo tema. Uno era de Hills (1984), quien originalmente descubrió la posibilidad de "lluvias de cometas" (Hills,1981). Hills (1984) demostró que en su órbita actual, la estabilidad de Némesis sería aproximadamente de 10^9 años, el mismo valor obtenido por Hut (1984).

Torbett y Smoluchowski (1984) también analizaron la estabilidadde la órbita de Némesis. Ellos asumieron (incorrectamente, como ya se ha argumentado) que es necesario un tiempo de estabilidad de 4-5.000 millones de años para la presente órbita de Nemesis, para que haya sobrevivido. También plantearon la posibilidad de que el paso de nubes moleculares gigantes, mucho más masivas que las estrellas, dominaría las perturbaciones orbitales y haría que la órbita de Nemesis fuera aún más inestable.

(Morris y Muller, 1986) señalaron en un artículo posterior que en su cálculo de nubes moleculares habían ignorado el hecho de que las nubes moleculares gigantes no solo son masivas sino también muy grandes y difusas y, por lo tanto, solo una parte de su masa (efectivamente la que está entre Némesis y el Sol) contribuye al campo de las mareas que altera la órbita. Cuando se tiene en cuenta la naturaleza difusa de estas nubes, su efecto sobre la estabilidad es menor que el de las estrellas pasajeras.

La estabilidad de la órbita de Némesis también fue analizada por Clube y Napier (1984). Lamentablemente, este artículo confundiólos parámetros de la teoría de Némesis con los de un teoría similar de Whitmire y Jackson (1984), que había sido publicada simultáneamente con la teoría de Némesis. Whitmire y Jackson también postularon una estrella compañera para el Sol; sin embargo, asumieron una estrella muy pequeña, y esto les requirió postular una órbita extremadamente excéntrica, una que realmente sería inestable. Por el contrario, la excentricidad asumida en la teoría de Némesis se tomó como la media para las órbitas estocásticas, es decir, 0,7.

Clube y Napier argumentaron (correctamente) que la órbita altamente  excéntrica es inestable, pero erróneamente atribuyeron eso a la teoría de Némesis. También invocaban las perturbaciones gigantes de las nubes moleculares y también ignoraban (al igual que Torbett y Smoluchowski, (1984) el gran tamaño de estas nubes que reduce el efecto que podrían tener sobre la órbita de Nemesis (Morris y Muller, 1986). Ellos establecieron que, si se ignoraba el efecto de las nubes moleculares, entonces la estabilidad residual de Némesis aún sería de 10^9 años y lo consideraron insuficiente. Esta estimación es la misma que fue determinada por Hut, y está de acuerdo con la calculada en el artículo original de Némesis. Parece que Clube y Napier confundieron la vida útil actual con la del pasado.

La confusión sobre la estabilidad de la órbita de Némesis empeoró aún más por un comentario editorial que apareció en el mismo ejemplar de "Nature" donde estaban los artículos de Hut, Hills, Torbett y Smoluchowski, y Clube y Napier. El comentario fue hecho por Bailey (1984, p.602), y se tituló "Némesis para Nemesis". Bailey comentó: "La propuesta de Némesis se extiende y muestra, de hecho, ser completamente incapaz de producir la secuencia estrictamente periódica para la cual fue diseñada originalmente." Esto fue una lectura incorrecta del documento original de Némesis (Davis et al., 1984), que explícitamente señalaba que el período podría no ser constante, teniendo variaciones entre órbitas de varios millones de años.

El comentario de Bailey también calificó el artículo de Hut (1984), como una "retractación virtual" de la teoría de Némesis. Sin embargo, Hut (1984, comunicación personal) considera que su trabajo es una reivindicación de los cálculos originales de Némesis, no una retractación. M. Bailey (1984, comunicación personal.) dijo más tarde que nunca escribió las palabras "retractación virtual", sino que habían sido insertadas por el editor de "Nature". Una encuesta informal y no científica entre los astrónomos que desacreditan la órbita de Némesis (hecha por mí en la década siguiente) demostró que ninguno de ellos había leído el artículo de Hut. Esto no es sorprendente, ¿para qué molestarse en leer un artículo cuando, según el comentario que lo acompaña, equivale prácticamente a una retractación de su contenido?

El argumento más fuerte contra la idea de Némesis no es ninguna dificultad con su órbita. Es el hecho de que la teoría predice que la mayoría de las extinciones masivas de Raup y Sepkoski (1984,1986; Sepkoski, 1989) debería haber sido causado por impactos, y, sin embargo, se han presentado pocas pruebas desde 1984 a favor de esta conclusión (*). Si alguna vez entendemos los orígenes de otras extinciones, y se demuestra que no están relacionadas con los impactos, entonces la teoría de Némesis pierde la única razón de existencia.


(*) Este comentario lo hizo Richard Muller en el 2002. Trabajos posteriores de Adrian Melott y Richard Bambach (2010, 2013, 2014, 2017) y Michael Rampino y Ken Caldeira (2015), ya publicados en este blog, confirmaron con diferentes métodos científicos la periodicidad de 26-27 millones de años en las extinciones masivas descritas por Raup&Sepkosky, incluso en el doble del tiempo estudiado originalmente (542 millones de años).

Imagen artística de un sistema binario. Crédito: NASA
MIENTE, QUE ALGO QUEDA
Malinterpretaciones, lecturas incorrectas (?), atribuciones erróneas, científicos que no se leen la bibliografía existente antes de criticar el trabajo de otros y, por último, lo más increíble de todo, el editor de una prestigiosa revista científica, "Nature", mintiendo descaradamente a sus lectores al alterar las conclusiones de una investigación. Todo vale con tal de desacreditar a una hipótesis que rompe viejos esquemas preestablecidos.

Todas estas falsedades y errores fueron admitidos como ciertos por la inmensa mayoría del mundo científico, sin molestarse en comprobar su veracidad, dado que coincidían con sus prejuicios sobre este tema.

Un ejemplo de lo anterior lo tenemos en el artículo, "Nemesis Reconsidered[2], de Adrian L. Melott y Richard K. Bambach (2010), donde confirman el periodo de 27 millones de años en las extinciones masivas en la Tierra. Sin embargo, descartan que la causa pueda ser un estrella binaria con el Sol, Némesis, ya que su órbita es inestable con el tiempo, apoyándose en el artículo, ya citado, de Piet Hut (1984)[1] donde comentaba que la órbita de Némesis podría variar entre un 10 y un 20% en los últimos 250 millones de años.

Esto es justo lo contrario de lo que el autor concluía en ese artículo. Veamos lo que ha dicho recientemente (2018) Piet Hut a este respecto en el website [3] del Institute for Advanced Study, Princenton, USA, del que es miembro desde hace 25 años.
Piet Hut
"Una crítica más seria se refería a la falta de estabilidad de una órbita alrededor del Sol en un período de decenas de millones de años. Tal órbita no estaría lejos de la esfera de influencia de las estrellas cercanas, lo que perturbaría constantemente la órbita. Estas perturbaciones no solo amenazarían con liberar a Némesis, sino que también impedirían una periodicidad precisa, mucho antes de que interrumpieran su órbita.
Este problema fue abordado a través de una gran cantidad de simulaciones de diferentes órbitas candidatas de Némesis en el artículo "How stable is an astronomical clock which can trigger mass extinctions on earth?" [1] donde demostré que todo está bien: aunque la periodicidad orbital se volverá ruidosa a través de las perturbaciones de otras estrellas, en la mayoría de los casos la periodicidad está bien preservada durante el período de 250 millones de años para el cual Raup y Sepkoski ajustaron originalmente el tiempo del últimas diez grandes extinciones masivas."
RESULTADO FINAL
La mentira lanzada por el editor de "Nature" contra la hipótesis Némesis, hace más de 30 años, se ha convertido en un mantra que se repite en el ámbito científico a lo largo del tiempo. Como resultado final, tenemos que esta hipótesis está totalmente desacreditada y nadie quiere trabajar en ella en la actualidad.

Las investigaciones en astronomía son muy costosas y se financian principalmente gracias a las donaciones de particulares, fundaciones, organismos gubernamentales, etc. Evidentemente, nadie va a dedicar dinero para averiguar si existe o no una estrella compañera del Sol con el descrédito científico que tiene esta propuesta. Así tenemos el ejemplo de Daniel Whitmire (Universidad de Arkansas) que, al principio, era partidario de Némesis (1984)[4] y recientemente (2015)[5] se ha pasado al Planeta X/Noveno Planeta.

Todas las alteraciones gravitacionales que se atribuyen, hoy en día, el Planeta Nueve podrían adjudicarse a la estrella Némesis. Sin embargo, la existencia de un planeta desconocido en nuestro sistema solar, creado al mismo tiempo que los demás planetas, es mucho más aceptable por la comunidad científica y no crea problemas financieros.

REFERENCIAS
[1]"How stable is an astronomical clock which can trigger mass extinctions on earth?", Piet Hut, 1984, Nature 311, 638-641
[2]"Nemesis Reconsidered", Adrian L. Melott&Richard K. Bambach, Monthly Notices of the Royal Astronomical Society 407(1), July 2010.
[3]"Nemesis: A Solar Companion?", Piet Hut, 2018, Institute for Advanced Study, Princeton.
[4]"Are periodic mass extinctions driven by a distant solar companion?", Daniel P. Whitmire & Albert A. Jackson IV, Nature, volume 308, pages 713–715, (19 April 1984).
[5]"Periodic mass extinctions and the Planet X model reconsidered", Daniel P. Whitmire, Monthly Notices of the Royal Astronomical Society Letters, 455(1), October 2015.

miércoles, 6 de junio de 2018

El Planeta Nueve podría no existir

Esta es la noticía que ha aparecido en las últimas 48 horas en numerosos medios de comunicación. Los artículos publicados hacen referencia a un trabajo de investigación presentado el 4 de junio de 2018 por Ann-Marie Madigan y Jacob Felisig (Universidad de Colorado Boulder, U.S.A.) en el 232 Encuentro de la American Astronomical Society, celebrado en Denver (Colorado).
Ann-Marie Madigan
Este equipo de la Universidad de Colorado intentaba explicar el anómalo comportamiento de algunos cuerpos celestes situados en los confines del Sistema Solar sin tener en cuenta al Planeta Nueve. Entre esos cuerpos se encuentra Sedna, un planetoide situado a 13.000 millones de kilómetros del Sol en una órbita que le lleva más de 10.000 años en recorrerla.
Crédito: Wikipedia Commons
El punto de partida de esta nueva investigación es que, dado que existe una gran cantidad de objetos helados más allá de Neptuno (TNOs), ¿podría la gravedad colectiva de ellos ser la responsable de estas extrañas órbitas? Para ello, realizaron intensivas simulaciones por computadora con numerosos TNOs (reales y simulados) y encontraron que estos objetos helados orbitan alrededor del Sol como las manecillas de un reloj. Las órbitas de objetos más pequeños, como los asteroides, sin embargo, se mueven más rápido que los más grandes, como le ocurre a Sedna.

"Ves un montón de órbitas de objetos más pequeños a un lado del Sol", señala Jacob Fleisig, estudiante de astrofísica y autor principal de la nueva investigación. "Estas órbitas colisionan gravitacionalmente contra el cuerpo más grande, y lo que sucede es que esas interacciones cambiarán su órbita de una forma ovalada a una forma más circular".

En otras palabras, la órbita de Sedna pasa de normal a completamente separada debido a esas interacciones a pequeña escala. Las observaciones del equipo también están en línea con las investigaciones de 2012, que observaron que cuanto más grande es un objeto separado, más lejos se encuentra su órbita del Sol.

Sin embargo, este nuevo modelo no explica el hecho extraño de que las órbitas de los objetos separados se inclinan de la misma manera. "El Planeta Nueve explica esto muy bien, y nosotros no", dijo Madigan. Irónicamente, mientras la nueva investigación descarta la necesidad de un planeta desconocido, requiere la presencia de miles de objetos pequeños que no han sido observados. "Los pocos que hemos visto no son suficientes", dijo Jacob Fleisig.
Clic para agrandar. Crédito: Wikipedia
Por último, hay que tener en cuenta que la presencia del Planeta Nueve, no sólo explica el agrupamiento e inclinación de las extrañas órbitas de estos lejanos cuerpos celestes, sino también la inclinación de 6º de Sol respecto del Sistema Solar y el punto del cielo desde donde parecen provenir numerosos cometas de largo período.

Este trabajo de Ann-Marie Madigan y su equipo no ofrece una explicación para todo esto.

lunes, 21 de mayo de 2018

Planeta Nueve: expertos detectan un objeto distante con una órbita extraordinaria

La evidencia que apoya la existencia de un planeta gigante en la periferia de nuestro sistema solar se sigue acumulando.

Astrónomos han detectado un objeto rocoso más allá de Plutón que habría sido «empujado» a tener una «órbita extraordinaria» por un planeta desconocido, cuya influencia gravitacional es enorme. El hallazgo apunta a un solo responsable: el famoso Planeta Nueve, y además confirma la predicción de Konstantin Batygin y Michael Brown, del Instituto de Tecnología de California (Caltech), quienes en 2016 propusieron su existencia.

El objeto rocoso, nombrado 2015 BP519, llamó la atención de un equipo internacional de 65 científicos, liderados por Juliette C. Becker (Universidad de Michigan), porque su órbita está inclinada anormalmente (unos 54º), fuera del plano donde yacen la mayoría de los cuerpos que orbitan el Sol.
Crédito: Lucy Reading-Ikkanda/Quanta Magazine. Traducción: HercoBlog. Clic para agrandar

Para explorar el origen de la extraña trayectoria, se utilizó una serie de simulaciones computarizadas. Al ser configuradas bajo las convenciones actuales, con ocho planetas en nuestro sistema solar, fue imposible obtener la órbita inclinada de 2015 BP519. En cambio, al agregarse un cuerpo celeste con las características del hipotético Planeta Nueve predichas por Konstantine Batyginn y Mike Brown, entonces la simulación reprodujo la órbita de 2015 BP519 casi a la perfección.

Juliette Becker
"En el momento en que colocas el Planeta Nueve en las simulaciones, no solo puedes formar objetos como este objeto, sino que definitivamente lo haces", dijo Juliette Becker, estudiante graduada de Michigan y autora principal del nuevo documento, publicado en Arxiv el 14 de mayo de 2018.

Además, Batygin y Brown también predijeron que, con el tiempo, la gravedad del Planeta Nueve empujaría estos objetos del Cinturón de Kuiper fuera de su plano actual y hacia inclinaciones orbitales cada vez más altas. Aunque los astrónomos ya han descubierto una extraña población de mundos que orbitan el Sol perpendicularmente al plano del sistema solar, nunca habían atrapado un objeto que transita entre las dos poblaciones. "No hay una manera real de poner algo en una órbita como esa, excepto que es exactamente lo que predijimos del Planeta Nueve", dijo Mike Brown. Batygin observa que el nuevo objeto se ajusta tan perfectamente con su modelo que casi parece uno de los puntos de datos en sus simulaciones. "Una buena teoría reproduce datos, pero una gran teoría predice nuevos datos", dijo.
Crédito: Olena Shmahalo/Quanta Magazine. Clic para agrandar.
Becker y sus colegas detectaron el nuevo objeto, 2015 BP519, en datos del Dark Energy Survey, un proyecto que investiga la aceleración de la expansión del Universo al examinar una región muy por encima del plano del sistema solar. Esto hace que sea una herramienta poco probable para encontrar objetos dentro del sistema solar, ya que en su mayoría orbitan dentro del mismo plano. Pero eso es exactamente lo que hace que el nuevo objeto sea único con su órbita tan inclinada.

La Dark Energy Survey detectó por primera vez evidencia del nuevo objeto a fines de 2014. Becker y sus colegas pasaron los años desde entonces rastreando su órbita e intentando entender sus orígenes.

«No es una prueba definitiva sobre la existencia del Planeta Nueve, pero se podría decir que el comportamiento de un objeto como el detectado apunta definitivamente en esa dirección», dice el profesor David Gerdes, astrónomo de la Universidad de Michigan y coautor del estudio publicado.
Planeta 9 y 2015 BP519. Crédito: Mystery Planet. Clic para agrandar.


Aunque la búsqueda telescópica del misterioso Planeta Nueve continúa, la evidencia acumulada hasta el momento parece sugerir que ya no es cuestión de si existe o no, sino de cuándo será anunciado oficialmente como otro integrante de nuestra familia planetaria.

miércoles, 9 de mayo de 2018

La Estrella de Scholtz

Hemos visto en varias entradas sobre la estrella Némesis, supuesta compañera del Sol, que se la considera la causa de la lluvia de cometas/asteroides que periódicamente arrasa la vida en la Tierra. Cuando se aproxima a nuestro Sistema Solar, Némesis afectaría con su gravedad a la Nube de Oort, alterando las trayectorias de una gran cantidad de los cometas que habitan esa zona, muchos de los cuales penetrarían en el Sistema Solar interior e impactarían en la Tierra.

Pero, ¿hay algo real en esto o es una simple especulación?

La Estrella de Scholtz
En un momento en el que los humanos modernos comenzaban a salir de África y los neandertales habitaban en nuestro planeta, la estrella de Scholz –llamada así por el astrónomo alemán que la descubrió– se acercó a menos de un año luz del Sol. Hoy se encuentra a casi 20 años luz de distancia, pero hace 70.000 años se llegó a adentrar en la Nube de Oort, un reservorio de objetos transneptunianos situado en los confines del sistema solar.
Crédito:  José A. Peñas/SINC
Este descubrimiento lo hizo público en 2015 un equipo de astrónomos dirigidos por el profesor Eric Mamajek de la Universidad de Rochester (EE UU). Los detalles de aquel sobrevuelo estelar, el más cercano documentado hasta la fecha, los presentaron en The Astrophysical Journal Letters.

Ahora dos astrónomos de la Universidad Complutense de Madrid, los hermanos Carlos y Raúl de la Fuente Marcos, junto al investigador Sverre J. Aarseth de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), han analizado por primera vez los cerca de 340 objetos del sistema solar que tienen órbitas hiperbólicas (con forma de V muy abierta, no las típicas elípticas), y al hacerlo han detectado que la trayectoria de algunos de ellos está influenciada por el paso de la estrella de Scholz.

Mediante simulaciones numéricas hemos calculado las radiantes o posiciones en el cielo de las que aparentan venir todos estos objetos hiperbólicos”, explica Carlos de la Fuente Marcos, que junto a los otros coautores publica los resultados en la revista MNRAS Letters.

En principio –añade–, uno esperaría que esas posiciones se distribuyeran de forma uniforme en el cielo, en particular si estos objetos proceden de la nube de Oort. Sin embargo, lo que encontramos es muy diferente: una acumulación estadísticamente significativa de radiantes. La sobredensidad más acusada aparece proyectada en la dirección de la constelación Géminis, lo que se ajusta al encuentro cercano con la estrella de Scholz”.

Aproximación a menos de 0,6 años luz
El momento en el que pasó esta estrella cerca de nosotros y su posición durante la prehistoria coinciden en los datos de la nueva investigación y en los de Mamajek y su equipo. “Podría tratarse de una coincidencia, pero es poco probable que tanto la localización como la época sean compatibles”, destaca De la Fuente Marcos, quien apunta que sus simulaciones sugieren que la estrella de Scholz se aproximó incluso más de los 0,6 años luz que apuntaba el estudio de 2015 como límite inferior.

El sobrevuelo de esta estrella hace 70.000 años no perturbó a todos los objetos hiperbólicos del sistema solar, solo a los que estaban más próximos a ella en aquel momento. “Por ejemplo, la radiante del famoso asteroide interestelar `Oumuamua está en la constelación de la Lira, muy lejos de Géminis, por lo tanto no forma parte de la sobredensidad detectada”, señala De la Fuente Marcos, quien confía en que nuevos estudios y observaciones confirmen la idea de que una estrella pasó cerca de nosotros en una época relativamente reciente.

La estrella de Scholz es en realidad un sistema doble formado por una pequeña enana roja, con alrededor del 9% de la masa del Sol, en torno a la que orbita una enana marrón de menor tamaño y mucho menos brillante. Es probable que nuestros antepasados vieran su tenue luz rojiza en las noches de la prehistoria.
 Ilustración de la estrella de Scholz y su compañera enana marrón (en primer plano) durante su sobrevuelo del sistema solar hace 70.000 años. El Sol aparece como una estrella más brillante que el resto al fondo a la izquierda.
 Crédito: Michael Osadciw/Universidad de Rochester.

sábado, 5 de mayo de 2018

El Planeta Nueve en la Edad Media

Buscarán evidencias del Planeta Nueve en pergaminos y tapices medievales

Viejos pergaminos y tapices medievales serán examinados científicamente como una herramienta adicional para resolver el moderno misterio astronómico del Planeta Nueve.
Tapiz de Bayeux (año 1066) con una ilustración del cometa Halley
 «Tenemos una gran cantidad de registros históricos de cometas en inglés antiguo, irlandés antiguo, latín y ruso que se han pasado por alto durante mucho tiempo», dijo la medievalista Marilina Cesario, de la Universidad de la Reina de Belfast, líder del proyecto. «La gente en la Edad Media estaba fascinada por los cielos, tanto como nosotros hoy». "Los registros incluyen fechas y horas - dijo Cesario - lo que los hace útiles para los astrónomos modernos". 

El misterioso Planeta Nueve del Sistema Solar, si existe, tendría aproximadamente 10 veces la masa de la Tierra y orbitaría 20 veces más lejos del Sol que Neptuno.
Imagen artística del Planeta 9. Crédito: Mistery Planet
 Los científicos sospechan de la existencia del Planeta Nueve porque explicaría algunas de las fuerzas gravitacionales en juego en el Cinturón de Kuiper, un tramo de cuerpos helados más allá de Neptuno. Pero nadie ha sido capaz de detectar el planeta aún, aunque los astrónomos están escaneando los cielos con herramientas como el Telescopio Subaru en el volcán Mauna Kea de Hawái. "Los registros medievales podrían proporcionar otra herramienta", dijo Pedro Lacerda, astrónomo de la misma universidad, el otro líder del proyecto.
Pedro Lacerda y Marilina Cesario. Crédito: Mistery Planet
 «Podemos tomar las órbitas de los cometas conocidos actualmente y usar una computadora para calcular los tiempos en que esos cometas serían visibles en los cielos durante la Edad Media», dijo Lacerda a Live Science. «Los tiempos precisos dependen de si las simulaciones de nuestra computadora incluyen el Planeta Nueve. Entonces, en términos simples, podemos usar los avistamientos de cometas medievales para verificar qué simulaciones funcionan mejor: las que incluyen el Planeta Nueve o las que no». «Es fantástico poder usar datos de hace 1.000 años para investigar una teoría actual», añadió Lacerda, quien ha organizado una exposición sobre astronomía medieval.
Fuente: Mystery Planet

sábado, 28 de abril de 2018

El Reloj de la Muerte sigue avanzando

 27/04/2018
Adriana Ocampo (Barranquilla, Colombia, 1955) es geóloga planetaria de la NASA y una de las responsables científicas del programa Nuevas Fronteras, que comprende las misiones de exploración a Júpiter, Plutón o al asteroide Bennu.

Ocampo, que estuvo el jueves en Madrid (España) para participar en la octava edición de National Geographic Mentes Brillantes, organizada por TPI, identificó a finales de los años 80 el lugar de la Península del Yucatán (México) en el que hace 66 millones de años cayó el gigantesco asteroide que acabó con los dinosaurios y con muchas otras especies.
Adriana Ocampo. Crédito: El Mundo

A raíz de una conferencia en México, comenzó a colaborar con un equipo de arqueólogos que investigaba las causas del declive de la civilización maya."Usaban imágenes de satélite para detectar dónde estaban los canales de irrigación para la agricultura y ver si había habido sequías. Encontraron un semicírculo pero no sabían qué era. Cuando lo vi pensé en un impacto", recuerda.

Y allí, en Chicxulub, encontraron la huellas de ese cráter, corroborando la controvertida teoría que Walter Alvarez y su padre, el Nobel Luis Álvarez, propusieron en 1980. "Ellos tenían como prueba una gran concentración de iridio, que sólo se puede encontrar en asteroides o cometas. En aquella época se calculó que la roca tenía un tamaño de 12 a 17 kilómetros de diámetro. Nadie quería creer entonces que la Tierra había sufrido un impacto pero hoy en día sabemos que es cada día caen micrometeoritos", relata Ocampo, que ha hecho seis expediciones al cráter para investigar la gran extinción, el tema de su tesis doctoral.

P.- Descríbame cómo cree que se produjo esa extinción masiva hace 66 millones de años.

R.- Probablemente nuestra biosfera era muy diferente. El clima era más cálido y había más regiones tropicales. Los dinosaurios habían dominado la Tierra durante más de 150 millones de años pero entonces vino este bólido e impactó en el lugar más letal, en la zona en cuyo subsuelo había mayor cantidad de azufre. Se generó una sopa química que en segundos inyectó toneladas de ácido sulfúrico en la atmósfera, que se volvió opaca, y hubo incendios globales. La energía solar dejó de llegar a las plantas, así que los dinosaurios y otros animales herbívoros se quedaron sin comida y con ello, los dinosaurios carnívoros tampoco tenían qué comer. Es decir, se rompió el ciclo y el 70% de las especies se extinguieron. Los animales que vivían en la profundidad del océano y los pequeños mamíferos, que en cierto modo son de los que descendemos, fueron los que pudieron sobrevivir porque no tenían tantas necesidades como los dinosaurios, que ingerían grandes cantidades de comida. ¿Por qué estudiamos esto? Porque va a volver a ocurrir.

 P.- ¿Hasta qué punto ve posible o probable que vuelva a caer un asteroide tan grande?

 R.- Nosotros no hablamos de si puede volver a caer, sino de cuándo. Hay una certeza, aunque puede ser dentro de millones de años. Hasta ahora, ha habido cinco extinciones masivas en nuestro planeta. Siempre digo que tuvimos la ayuda de las estrellas porque ese asteroide nos dio una oportunidad a los mamíferos para poder competir y evolucionar hacia los Homo sapiens. No podíamos competir con los dinosaurios. Ayudó a nuestra especie.

P.- Si no hubiera caído este asteroide, ¿no habríamos surgido los humanos?

R.- Quizás no. Sabíamos que había dinosaurios como el velociraptor que estaba desarrollando más inteligencia y hasta parece que tenía capacidades de comunicación, pero la vida en nuestro planeta hubiera sido muy diferente sin ese impacto. No sabemos cuándo va a caer otro asteroide, pero lo que hacemos es rastrear el cielo para identificarlos. La NASA ha creado la Oficina de Defensa Planetaria y tenemos dos misiones dedicadas a este tema. En unos años lanzaremos DART, un misión tecnológica para estudiar cómo cambiar la trayectoria de un asteroide peligroso, y Osiris-Rex, que en septiembre de este año llegará al asteroide Bennu, que tiene el potencial de impactar contra la Tierra en el futuro, para tomar muestras y traerlas en 2023.
Crédito: Astrofísica y Física
P.- ¿Qué cantidad de muestras del asteroide Bennu va a traer Osiris-Rex? 

R.- El requerimiento es que traiga gramos, aunque en los ensayos que hicimos en la Tierra pudo recoger kilos. Hay mucho interés científico por estudiarlas porque sabemos que Bennu tiene aminoácidos, los materiales claves que hacen falta para que se forme la vida. Y también hay interés por determinar las propiedades mecánicas de su suelo, algo importante para aprender a desviar estas rocas.

P.- Cada vez tienen más asteroides identificados pero de repente uno cayó en Chelyabinsk (Rusia), causando miles de heridos, y no pudieron detectarlo con antelación.

R.- ¿Por qué pasó? Porque vino de la dirección del Sol y no pudimos verlo. El Sol nos cegó.

P.- Y si viene otro asteroide más grande en dirección del Sol, ¿tampoco lo podrán ver?

R.- Probablemente no, tendríamos muy poco tiempo para poder hacer algo. Por eso es tan importante que sigamos desarrollando tecnologías y metodologías para observar incluso en la dirección del Sol. Pero tenemos que colaborar porque es algo que nos incumbe a todos. Ojalá seamos una especie inteligente y cuando llegue el momento, estemos preparados para desviar su trayectoria y no nos pase como a los dinosaurios, que no pudieron hacer nada.

P.- ¿Existe el planeta Nueve?

R.- Uno de los resultados más interesantes de la misión New Horizons es que nos ha abierto los ojos hacia un nuevo sistema solar. Hoy en día, cuando nos preguntan cuántos planetas hay, podemos decir que ocho, pero hay miles de pequeños planetas orbitando, la mayoría sin descubrir. Es posible que exista un planeta enorme con una órbita tan enorme que requiere de mucho tiempo para dar la vuelta al Sol y, por tanto, no lo hayamos visto aún. Plutón también se detectó por la perturbación gravitacional.

jueves, 26 de abril de 2018

Un Gigante en Casa

Otra de las críticas que se hacen a la posible existencia del planeta Hercólubus, tal como aparece descrito en el libro "Hercólubus o Planeta Rojo" de V.M. Rabolú, es que, en su acercamiento a la Tierra, tendría que atravesar el interior del Sistema Solar y, por tanto, alteraría en gran medida las órbitas de los demás planetas, perdiendo la configuración que tienen hoy en día. Como esto no ha sucedido, pues el planeta Hercólubus no puede existir.

Jack J. Hills
Esta crítica, que parece razonable e incluso es compartida por algún reputado astrónomo, está hecha a primera vista, sin haber realizado previamente un estudio científico detalladoEso fue lo hizo en 1985, Jack. J. Hills, un prestigioso astrónomo que ha trabajado en Los Alamos National Laboratory (New Mexico, EE.UU.).

En esa época, en la que estaba de plena vigencia la hipótesis de Némesis, la estrella compañera del Sol, publicó el artículo científico, "The Passage of a "Nemesis"-Like Object Throught the Planetary System", "(El paso de un objeto tipo "Némesis" a través del sistema planetario") en el The Astronomical Journal, volumen 90, número 9, septiembre 1985.

Una de las conclusiones de este trabajo fue que, para evitar que nuestro sistema planetario se viera alterado gravitacionalmente, no podía entrar en él una estrella marrón con una masa mayor que 50 masas de Júpiter (Mj). Este resultado coincide con el publicado en 2005 por los investigadores indúes Varun Bhalerao y M.N. Vahia ("Mass limit on Nemesis", Varun Bhalerao, M.N. Vahia, Bulletin Astromical Society India, 33, 27-33, 2005) donde proponían que, si el supuesto sistema binario Sol-Némesis tiene un periodo de 27 millones de años, el Sol no puede tener una estrella compañera con una masa mayor que 44Mj.
Recreación artística de Némesis. Crédito: Periódico ABC
Otra conclusión muy interesante del artículo de Jack Hills es  que objetos con masa menor que 10Mj podrían atravesar nuestro sistema planetario sin causar un daño significativo en las órbitas de los planetas. Según V.M. Rabolú, el planeta Hercólubus es 5 ó 6 veces más grande que el planeta Júpiter, es decir, tendría una masa 5 - 6 mayor que Júpiter, suponiendo que tuviera la misma densidad. Esta masa es inferior al límite de 10Mj de Jack Hills, por lo que Hercólubus podría acercarse a la Tierra sin pertubar apreciablemente las órbitas de los demás planetas.

Hay otros dos factores que pueden contribuir a facilitar este paso de Hercólubus: el ángulo de acercamiento a la Tierra y la alineación que presenten los demás planetas en ese momento.

ALINEACIONES PLANETARIAS
Por "alineación planetaria" se entiende el agrupamiento de dos o más planetas en una zona reducida del espacio siguiendo una línea más o menos recta. Hay muchas clases de alineaciones planetarias que se diferencian en el número de planetas que intervienen y la mayor o menor anchura de la zona de agrupamiento.

Las alineaciones que más nos interesan son aquellas que presentan el mayor número de planetas agrupados en una zona estrecha y en el lado opuesto del Sol respecto a la Tierra. Tomemos, por ejemplo, la alineación planetaria que se dará el 8 de septiembre de 2040. En ese momento, la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno estarán alineados en lado opuesto del Sol en una zona de unos 9º de amplia. Ver imagen siguiente:
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Como ya sabemos, todos los planetas se mueven, más o menos, en el mismo plano que la Tierra (la eclíptica). Así pues, si el planeta Hercólubus se acerca a nuestro planeta en un ángulo de 90º respecto su plano de giro, su distancia respecto al resto de los planetas será la máxima posible, disminuyendo así su influencia gravitatoria sobre ellos. Por otro lado, como estos planetas están detrás del Sol, su inmensa masa les servirá de pantalla anti-gravedad contra la acción de Hercólubus.
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Ampliamos la parte central de la imagen para un visionado mejor:
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Así pues, sí que es posible que el planeta Hercólubus, propuesto por V.M. Rabolú, se acerque a la Tierra sin distorsionar las órbitas de los demás planetas.