sábado, 11 de agosto de 2018

Nuevo Objeto Planetario cerca del Sistema Solar

Recientemente se han publicado en numerosos medios de comunicación el descubrimiento de un objeto planetario cerca de nuestro sistema solar. El objeto, SIMP J01365663+0933473, se descubrió por primera vez en el 2016 como una de las cinco enanas marrones que los científicos estudiaban con el Very Large Array (VLA) radio-telescopio. Se encuentra a 20 años-luz de la Tierra, tiene una temperatura superficial de unos 825ºC y una fuerte actividad electro-magnética.
Recreación artística.  Credit: Caltech/Chuck Carter; NRAO/AUI/NSF
En un principio se catalogó como una estrella enana marrón pero un posterior estudio, realizado en 2017 [1], concluyó que SIMP J01365663+0933473 tenía una masa de ~ 12 Mj (Mj= masa Júpiter) por lo que estaba a medio camino entre un planeta gigante y una estrella enana marrón. 

Este objeto se detectó a través del programa SIMP, Sondage Infrarouge de Mouvement Propre [2], una búsqueda en el infrarrojo cercano que se inició en el 2005 y terminó en 2016. Su objetivo era identificar enanas marrones y estrella de baja masa con un gran movimiento propio, consiguiendo detectar a 169 cuerpos estelares de este tipo.
Crédito: ABC/ESO ORG
Noticia Relevante
Esta noticia pone nuevamente de manifiesto las limitaciones del satélite WISE a la hora de detectar cuerpos similares en el espacio exterior. Así, mientras WISE fue capaz de detectar al objeto celeste infrarrojo, WISE 1541−2250 [3], con masa y distancia similar a SIMP J01365663+0933473 (M = 12Mj; d= 18.6 años-luz) y con una temperatura superficial de 26,7ºC, no "vio" a este SIMP que tiene una temperatura 30 veces superior y un elevado movimiento propio. Recordemos que WISE estaba diseñado para detectar estos cambios del movimiento propio.
Este no es el único caso, como ya vimos en esta entrada. Por otro lado, más de 100 de los 169 objetos infrarrojos detectados por el programa SIMP no habían sido descubierto por programas anteriores (2MASS, WISE, etc.).

Otra prueba más que desacredita ese argumento de que "La estrella Némesis/Planeta 9 no existen porque el satélite WISE no los ha detectado"

REFERENCIAS
[1]SIMP J013656.5+093347 IS LIKELY A PLANETARY-MASS OBJECT IN THE CARINA-NEAR MOVING GROUP, Jonathan Gagne, Jacqueline K. Faherty et alter, The Astrophysical Journal Letters, Volume 841, Number 1, 2017.
[2]The SIMP Survey, https://jgagneastro.wordpress.com/the-simp-survey/
[3]WISE 1541−2250, https://en.wikipedia.org/wiki/WISE_1541%E2%88%922250

jueves, 26 de julio de 2018

Descubren un nuevo planeta en el Sistema Solar

Este es el llamativo título de un reciente vídeo producido por el medio de comunicación, InformOverload, acerca del descubrimiento del planetoide 2015 BP519. Como ya comentamos en esta entrada, 2015BP519 tiene un extraña órbita, muy parecida a la de otros objetos celestes similares, todo lo cual señala a la existencia de un gran atractor gravitatorio, el posible Planeta 9.

Aquí pueden conseguir ver y descargar una versión en español de este vídeo.
Descarga: MEGA - Mediafire
Formato: MP4
Resolución: 1280x720
Tamaño: 74 MB
Disponible también en "Canal YouTube" de este blog

sábado, 21 de julio de 2018

Sigue la búsqueda del Planeta 9

Continúa la búsqueda del Noveno Planeta/Planeta X. Uno de los equipos que lo está haciendo en la actualidad es el formado por Scott S. Sheppard, Dave Tholen (University of Hawaii) y Chad Trujillo (Northern Arizona University), que fueron los primeros en sugerir en 2014 la presencia de un planeta masivo en los confines del Sistema Solar basándose en el comportamiento anómalo de ciertas poblaciones de objetos trans-neptunianos extremos (eTNOs).

En el transcurso de esta búsqueda, este equipo encontró 12 nuevas lunas del planeta Júpiter, lo que eleva el número total a 79.
Recreación artística de las lunas de Júpiter, con las lunas recién descubiertas indicadas en azul y rojo. Crédito: Carnegie Institution of Science/Roberto Molar Candanosa

domingo, 15 de julio de 2018

¿Némesis o el Planeta 9?

La mentira lanzada por el editor de "Nature" contra la hipótesis Némesis hace más de 30 años, al convertir la afirmación de Piet Hut sobre la estabilidad de la órbita de Némesis en una falsa "retractación" de la misma, se ha convertido en un mantra que se repite como verdad incuestionable en el ámbito científico a lo largo del tiempo. Como resultado final, tenemos que esta hipótesis está totalmente desacreditada y nadie quiere trabajar en ella en la actualidad.

Todas las alteraciones gravitacionales que se atribuyen, hoy en día, al Planeta Nueve podrían adjudicarse a la estrella binaria Némesis sin grandes problemas. Como ejemplo, tenemos la declaración de Elizabeth Bailey, autora junto con Mike Brown y Konstantin Batygin del artículoSolar Obliquity Induced By Planet Nine (“Inclinación solar inducida por el Noveno Planeta”). Veamos el siguiente videoclip:
Crédito: Caltech. Traducción por HercoBlog
Ver vídeo completo
¿Por qué este equipo de investigadores de Caltech no exploraron la posibilidad de que esta inclinación del Sol sea producida por un compañero estelar (Némesis)?

Las investigaciones en astronomía son muy costosas y se financian principalmente gracias a las donaciones de particulares, fundaciones, organismos gubernamentales, etc. Evidentemente, nadie va a dedicar dinero para averiguar si existe o no una estrella compañera del Sol con el descrédito científico que tiene esta propuesta. Sin embargo, la existencia de un planeta desconocido en nuestro sistema solar, creado al mismo tiempo que los demás planetas, es mucho más aceptable por la comunidad científica y no crea problemas financieros.

Así tenemos el ejemplo de Daniel Whitmire (Universidad de Arkansas) que, al principio, era partidario de Némesis (1984)[1] y recientemente (2015)[2] se ha pasado al Planeta X/Noveno Planeta para explicar los mismos fenómenos.

No Aparece el Noveno Planeta
Ya han pasado dos años desde que los trabajos de Mike Brown y Konstantin Batying dieran en 2016 un nuevo impulso a la existencia del Noveno Planeta. A pesar de que en este tiempo se han acumulado más pruebas indirectas de su presencia, este cuerpo celeste no ha sido descubierto aún en las búsquedas astronómicas que se han hecho hasta ahora.
Crédito: The Planetary Society
De no ser detectado a corto-medio plazo, es posible que alguien se atreva volver a tener en cuenta a Némesis como explicación de las extinciones masivas periódicas de seres vivos y las alteraciones gravitacionales observadas en el sistema solar.

Némesis y Hercólubus
La presencia de una estrella binaria, compañera del Sol, parece a primera vista opuesto a lo que expone V.M. Rabolú en su libro "Hercólubus o Planeta Rojo" ya que, según este autor, los efectos destructivos sobre la Tierra son producidos por el acercamiento de un enorme planeta y no por una estrella.

Sin embargo, es frecuente que las estrellas enanas rojas/marrones tengan planetas asociados a ellas. Un caso notable es la estrella Trappist-1 con sus siete planetas.
Recreación artística. Crédito: SkyAlert
Normalmente, estos planetas son rocosos y del tamaño de la Tierra pero se han descubierto varios casos de planetas gigantes alrededor de este tipo de estrellas. Tal es el caso del planeta NGTS-1b, descubierto en 2017 por un equipo internacional de astrónomos, encabezado por la Universidad de Warwick (Inglaterra). Este es un planeta del tamaño de Júpiter que, comparado con el tamaño de la enana roja que orbita, lo hace el planeta extra-solar más grande descubierto hasta ahora.
Recreación artística de NGTS-1b. Crédito: Universidad Warwick/Mark Garlick
Otro caso notable es el de la estrella 2M1207, una enana marrón con una masa media 24 veces la masa de Júpiter (Mj), alrededor de la cual orbita un planeta rojo, 2M1207b, con una masa media de 8Mj.
2M1207b - First image of an exoplanet.jpg
Imagen real de 2M1207b y su estrella.
Crédito: European Southern Observatory
Por lo tanto, frente a las propuestas actuales de una estrella o planeta aislados no hay que descartar la alternativa de que la causa extraterrestre de todos los eventos que venimos comentando en este blog sea una estrella binaria enana roja/marrón con un planeta/sistema planetario asociado.

REFERENCIAS
[1]"Are periodic mass extinctions driven by a distant solar companion?", Daniel P. Whitmire & Albert A. Jackson IV, Nature, volume 308, pages 713–715, (19 April 1984).
[2]"Periodic mass extinctions and the Planet X model reconsidered", Daniel P. Whitmire, Monthly Notices of the Royal Astronomical Society Letters, 455(1), October 2015.

domingo, 8 de julio de 2018

WISE no ve a Némesis

Actualizado a 11/08/2018
Otra de las críticas más fuertes a la existencia de la estrella Némesis, supuesta compañera binaria del Sol, es ¿por qué no se ha detectado ya en las búsquedas infrarrojas realizadas? Recordemos que  a Némesis se la considera una estrella enana roja/marrón, lo que implica que emite radiación principalmente en el infrarrojo, la cual tiene menos obstáculos para transmitirse por el espacio y, por tanto, es más fácil detectarla..

Concretamente, los datos obtenidos por el satélite infrarrojo WISE (Wide-field Infrared Survey Explorer) se ha utilizado para negar tanto la existencia de la estrella binaria Némesis como del Planeta X/Noveno Planeta.

El Satélite WISE
El Wide-Field Infrared Survey Explorer (WISE) es un telescopio espacial astronómico de longitud de onda infrarroja de la NASA lanzado en diciembre de 2009, y colocado en hibernación en febrero de 2011.

WISE realizó dos análisis completos del cielo con un intervalo de seis meses entre las exploraciones. Se obtuvieron imágenes en bandas de rango de longitud de onda de 3, 4, 4, 6, 12 y 22um, durante diez meses utilizando un telescopio infrarrojo de 40cm (16 pulgadas) de diámetro en órbita terrestre. La misión fue planeada para crear imágenes infrarrojas del 99 por ciento del cielo, con al menos ocho imágenes hechas de cada posición en el cielo para aumentar la precisión. Cada imagen cubre un campo de visión de 47 minutos de arco, lo que significa una resolución de 6 arcosegundos. Las imágenes del telescopio son, como mínimo, 1.000 veces más precisas que las de anteriores telescopios de infrarrojos. 

Cada área del cielo fue escaneada al menos 10 veces en el ecuador; los polos fueron escaneados teóricamente en cada revolución debido a la superposición de las imágenes. La búsqueda capturó imágenes de cerca de 750 millones de asteroides, estrellas y galaxias, y descubrió 3.525 nuevas estrellas rojas y marrones a menos de 500 años-luz del Sol.

Dada la inmensa cantidad de datos proporcionado por el satélite WISE, estos datos son analizados por programas de computador automatizados que catalogan y clasifican los objetos detectados para su posterior estudio por la comunidad científica. El 13 de noviembre de 2013, la NASA publicó el catálogo ALLWISE con todos los datos combinados obtenidos por este satélite.

Némesis y el Planeta X No Existen
Esto es lo que afirmó en 2014 Kevin Luhman (Penn State University, USA) en un artículo publicado en "The Astrophysical Journal", después de examinar los datos de WISE. Según él, no encontró un objeto mayor que Saturno en una distancia de 10.000 Unidades Astrónomicas (UA) y tampoco un objeto mayor que Júpiter a unas 26.000 UA.
"El sistema solar exterior probablemente no contenga un planeta gigante gaseoso, o una pequeña estrella compañera.", dijo Kevin Luhman [1].
 Parecía que esto era el fin de la hipótesis Némesis/Planeta X, pero... "Los muertos que vos matáis gozan de buena salud", como dijo el clásico.

Aficionados  Brillantes
Como ya indicábamos en esta entrada de este blog, en febrero de 2017, un grupo de científicos lanzó el programa "Backyard Worlds" en el que invitaban a personas normales a examinar visualmente conjuntos de imágenes del satélite WISE para ver si detectaban algún cambio en ellas, estos cambios indicarían la presencia de un cuerpo celeste que no se había visto  antes. 

Apenas una semana después de lanzar este programa de búsqueda, un usuario observó lo que parecía ser un objeto que se movía despacio. Dos días después, otro usuario lo vio también y otras tres personas más poco después. Claramente el objeto era real, por lo que astrónomos profesionales usaron el Infrared Telescopy Facility, un telescopio de 3 metros situado en Hawaii, y pudieron comprobar que era un estrella enana marrón, desconocida hasta ahora, situada a 110 años-luz que recibió el nombre de WISEA 1101+5400 [2].
Animación mostrando el sutil movimiento de la nueva enana marrón.
Crédito: NASA/WISE
Más Prejuicios
Esta nueva enana marrón "no debía existir" ya que Kevin Luhman "no la había visto" en el catálogo del satélite WISE, argumento que empleó para afirmar públicamente que no había ninguna Némesis/Planeta 9 en el sistema solar exterior.

Evidentemente, los sistemas de catalogación y estudio de los datos WISE tienen sus limitaciones, ejemplo de ello lo tenemos en que el propio Kevin Luhman fue capaz de descubrir la enana marrón WISE J085510.83-071442.5, cuya temperatura superficial oscila entre -48ºC y -13ºC y, sin embargo, no fue capaz de ver a la que estamos comentando, WISEA 1101+5400, cuya temperatura está entre 627ºC y 1.227ºC.

Más aún, el programa "Backyard Worlds" (BYW) tiene otras 12 candidatas a nuevas estrellas marrones, que no se habrían visto en anteriores búsquedas en los datos WISE [3].
Estrellitas rojas: candidatas a nuevas enanas marrones.
Crédito: Backyard Worlds
Por otro lado, uno de los métodos WISE para detectar nuevas estrellas es comparar imágenes de una zona, tomadas en un intervalo de 6 meses, y ver si algo se ha movido. En el caso de Némesis, los autores de esta hipótesis comentan que ahora estaría cerca de su afelio (distancia máxima del Sol) por lo que su movimiento propio sería casi nulo, estaría prácticamente inmóvil, por lo que no sería detectada por este método. Incluso objetos cercanos al Sistema Solar con un alto movimiento propio no han sido vistos por WISE (ver esta entrada).

WISE tiene Puntos Ciegos
La exploración infrarroja del cielo que hizo el satélite WISE no fue completamente fiable. Hay cuatro pequeños huecos en los escaneos estelares que hizo [4], concretamente los datos obtenidos en 57.5, 130.5, 434.7, 300.5 grados cuadrados del cielo fueron excluidos en la publicación de "All-Sky Release Source Catalog" debido a la falta de calidad y fiabilidad de los mismos. ¿Qué puede haber en esas zonas del espacio? No se sabe.

El Planeta 9
En cuanto al Planeta 9, la afirmación de Kevin Luhman de que "no existe" es del año 2014. Tal como hemos visto en este blog, en los años siguientes se han multiplicado los descubrimientos de objetos celestes transneptunianos con extrañas órbitas, incompatibles con la mecánica conocida del sistema solar, que se explican con la presencia de un enorme planeta desconocido hasta ahora y así lo han publicado varios astrónomos en sus artículos científicos

Después de estudiar los datos WISE, un verdadero científico tendría que haber dicho: "En los datos WISE que he estudiado, no he podido detectar a Némesis/Planeta 9", lo que es muy diferente a decir que "no existen".

REFERENCIAS

martes, 12 de junio de 2018

La Órbita de Némesis

En una anterior entrada de este blog, "Némesis, la compañera oculta del Sol", vimos que el equipo científico formado por Marc Davis,  Piet Hut y Richard A. Muller propusieron en 1984 la existencia de una estrella desconocida, "Némesis", formando un sistema binario con el Sol, como explicación a las extinciones masivas de seres vivos cada 26 millones de años por causas extraterrestres, descubiertas por David Raup y Jack Sepkoski en 1984. 
Cualquier teoría o hipótesis que implique sucesos extraterrestres como grandes modificadores de la vida y geología en nuestro planeta, independientemente de las pruebas presentadas, es sistemáticamente rechazada, ignorada e incluso atacada por el conservadurismo de la mayoría de los científcos. Ya vimos el calvario que pasó Walter Álvarez y su equipo de Berkeley cuando propuso el impacto de un enorme meteorito en Yucatán (México) como la causa de la desaparición de los dinosaurios, antes de que se reconociera la validez de su investigación (ver "La Amenaza Extraterrestre"). La hipótesis Némesis, aún más revolucionaria, no iba a ser menos...

UNA ÓRBITA...¿ESTABLE O INESTABLE?
Unade las primeras críticas que se hizo a esta hipótesis es que, dada la distancia y masa propuestas para Némesis, su órbita sería inestable en el tiempo, lo cual haría imposible que fuese capaz de producir esas lluvia de cometas, procedentes de la Nube de Oort, cada 26-27 millones de años.
Traducción: John Hardand/HercoBlog. Clic para agrandar

Esta crítica está basada más en prejuicios que en datos reales. Pero dejemos que Richard Muller, unos de los autores de Némesis, lo explique con sus propias palabras (los enfatizados son nuestros).

La teoría de Némesis postula que hay una estrella compañera del  Sol, orbitando a una distancia de ~ 3 años luz, con un período de 26 millones de años. Si esta órbita tiene una excentricidad >~ 0.5, entonces pasa lo suficientemente cerca de la Nube de cometas de Oort como para desencadenar una lluvia de cometas en cada órbita. Tales lluvias  podrían conducir a las extinciones periódicas de la vida en la Tierra, y a los aumentos periódicos en la tasa de cráteres en la Luna.
Richard A. Muller

La órbita de 3 años-luz es la más grande conocida para cualquier sistema binario de estrellas, y ha habido una considerable especulación sobre la inestabilidad de su órbita. El artículo original (Davis et al., 1984) establecía que la órbita tenía una constante de tiempo de estabilidad de aproximadamente 1.000 millones de años (10^9 años), con pequeñas variaciones entre órbitas de unos pocos millones de años.

Posteriormente, se han publicado muchos análisis sobre la estabilidad de la órbita de Némesis, y estos se resumen de la siguiente forma:

Un estudio detallado de la estabilidad de la órbita de Némesis fue publicado por Piet Hut (1984) [1], basado en extensas simulaciones por computadora de los efectos de las estrellas pasajeras, usando una distribución realista de velocidades y masas de estrellas. Hut concluyó que la órbita de Nemesis era inestable a menos que estuviera cerca del plano de la galaxia. Sin embargo, la estabilidad que encontró para esta órbita estuvo de acuerdo con la estimación de 10^9 años del artículo original de Némesis. Pero también reiteró un sorprendente descubrimiento sobre la vida estimada de la órbita, es decir, que esta disminuyó linealmente con el tiempo. Esto contrasta con otros comportamientos conocidos, como la vida media de las partículas radiactivas. Para las partículas radiactivas, la vida media es independiente del tiempo; por ejemplo, los núcleos de Carbono 14 que permanecen después de 100.000 años, siguen decayendo con los mismos 5.700 años de vida media que los núcleos originales.

Para Némesis, el comportamiento es diferente. Cuando se formó, la vida útil esperada de Némesis habría sido unos 5-6.000 millones de años. Ahora que han pasado 4-5.000 millones de años, la vida residual es solo de 1.000 millones de años . Por supuesto, esto es solo el comportamiento promedio, y el comportamiento real de Némesis (mostrado en simulaciones específicas en Hut, 1984) podría mostrar repentinos cambios por el paso cercano de una estrella masiva.

La importancia del cálculo de Hut es que, si las estimaciones de la vida presente de la órbita de Némesis es menor que la vida del sistema solar, no significa que la estrella no podría haber sobrevivido durante ese período. Esta sutileza ha sido pasada por alto por muchos.

La teoría de Némesis se basaba en la idea de que los pasajes de la estrella compañera solar Nemesis a través de la Nube de Oort provocaría lluvias de cometas. El mismo número de "Nature" que contenía el artículo de Hut, contenía varios otros artículos sobre el mismo tema. Uno era de Hills (1984), quien originalmente descubrió la posibilidad de "lluvias de cometas" (Hills,1981). Hills (1984) demostró que en su órbita actual, la estabilidad de Némesis sería aproximadamente de 10^9 años, el mismo valor obtenido por Hut (1984).

Torbett y Smoluchowski (1984) también analizaron la estabilidadde la órbita de Némesis. Ellos asumieron (incorrectamente, como ya se ha argumentado) que es necesario un tiempo de estabilidad de 4-5.000 millones de años para la presente órbita de Nemesis, para que haya sobrevivido. También plantearon la posibilidad de que el paso de nubes moleculares gigantes, mucho más masivas que las estrellas, dominaría las perturbaciones orbitales y haría que la órbita de Nemesis fuera aún más inestable.

(Morris y Muller, 1986) señalaron en un artículo posterior que en su cálculo de nubes moleculares habían ignorado el hecho de que las nubes moleculares gigantes no solo son masivas sino también muy grandes y difusas y, por lo tanto, solo una parte de su masa (efectivamente la que está entre Némesis y el Sol) contribuye al campo de las mareas que altera la órbita. Cuando se tiene en cuenta la naturaleza difusa de estas nubes, su efecto sobre la estabilidad es menor que el de las estrellas pasajeras.

La estabilidad de la órbita de Némesis también fue analizada por Clube y Napier (1984). Lamentablemente, este artículo confundiólos parámetros de la teoría de Némesis con los de un teoría similar de Whitmire y Jackson (1984), que había sido publicada simultáneamente con la teoría de Némesis. Whitmire y Jackson también postularon una estrella compañera para el Sol; sin embargo, asumieron una estrella muy pequeña, y esto les requirió postular una órbita extremadamente excéntrica, una que realmente sería inestable. Por el contrario, la excentricidad asumida en la teoría de Némesis se tomó como la media para las órbitas estocásticas, es decir, 0,7.

Clube y Napier argumentaron (correctamente) que la órbita altamente  excéntrica es inestable, pero erróneamente atribuyeron eso a la teoría de Némesis. También invocaban las perturbaciones gigantes de las nubes moleculares y también ignoraban (al igual que Torbett y Smoluchowski, (1984) el gran tamaño de estas nubes que reduce el efecto que podrían tener sobre la órbita de Nemesis (Morris y Muller, 1986). Ellos establecieron que, si se ignoraba el efecto de las nubes moleculares, entonces la estabilidad residual de Némesis aún sería de 10^9 años y lo consideraron insuficiente. Esta estimación es la misma que fue determinada por Hut, y está de acuerdo con la calculada en el artículo original de Némesis. Parece que Clube y Napier confundieron la vida útil actual con la del pasado.

La confusión sobre la estabilidad de la órbita de Némesis empeoró aún más por un comentario editorial que apareció en el mismo ejemplar de "Nature" donde estaban los artículos de Hut, Hills, Torbett y Smoluchowski, y Clube y Napier. El comentario fue hecho por Bailey (1984, p.602), y se tituló "Némesis para Nemesis". Bailey comentó: "La propuesta de Némesis se extiende y muestra, de hecho, ser completamente incapaz de producir la secuencia estrictamente periódica para la cual fue diseñada originalmente." Esto fue una lectura incorrecta del documento original de Némesis (Davis et al., 1984), que explícitamente señalaba que el período podría no ser constante, teniendo variaciones entre órbitas de varios millones de años.

El comentario de Bailey también calificó el artículo de Hut (1984), como una "retractación virtual" de la teoría de Némesis. Sin embargo, Hut (1984, comunicación personal) considera que su trabajo es una reivindicación de los cálculos originales de Némesis, no una retractación. M. Bailey (1984, comunicación personal.) dijo más tarde que nunca escribió las palabras "retractación virtual", sino que habían sido insertadas por el editor de "Nature". Una encuesta informal y no científica entre los astrónomos que desacreditan la órbita de Némesis (hecha por mí en la década siguiente) demostró que ninguno de ellos había leído el artículo de Hut. Esto no es sorprendente, ¿para qué molestarse en leer un artículo cuando, según el comentario que lo acompaña, equivale prácticamente a una retractación de su contenido?

El argumento más fuerte contra la idea de Némesis no es ninguna dificultad con su órbita. Es el hecho de que la teoría predice que la mayoría de las extinciones masivas de Raup y Sepkoski (1984,1986; Sepkoski, 1989) debería haber sido causado por impactos, y, sin embargo, se han presentado pocas pruebas desde 1984 a favor de esta conclusión (*). Si alguna vez entendemos los orígenes de otras extinciones, y se demuestra que no están relacionadas con los impactos, entonces la teoría de Némesis pierde la única razón de existencia.


(*) Este comentario lo hizo Richard Muller en el 2002. Trabajos posteriores de Adrian Melott y Richard Bambach (2010, 2013, 2014, 2017) y Michael Rampino y Ken Caldeira (2015), ya publicados en este blog, confirmaron con diferentes métodos científicos la periodicidad de 26-27 millones de años en las extinciones masivas descritas por Raup&Sepkosky, incluso en el doble del tiempo estudiado originalmente (542 millones de años).

Imagen artística de un sistema binario. Crédito: NASA
MIENTE, QUE ALGO QUEDA
Malinterpretaciones, lecturas incorrectas (?), atribuciones erróneas, científicos que no se leen la bibliografía existente antes de criticar el trabajo de otros y, por último, lo más increíble de todo, el editor de una prestigiosa revista científica, "Nature", mintiendo descaradamente a sus lectores al alterar las conclusiones de una investigación. Todo vale con tal de desacreditar a una hipótesis que rompe viejos esquemas preestablecidos.

Todas estas falsedades y errores fueron admitidos como ciertos por la inmensa mayoría del mundo científico, sin molestarse en comprobar su veracidad, dado que coincidían con sus prejuicios sobre este tema.

Un ejemplo de lo anterior lo tenemos en el artículo, "Nemesis Reconsidered[2], de Adrian L. Melott y Richard K. Bambach (2010), donde confirman el periodo de 27 millones de años en las extinciones masivas en la Tierra. Sin embargo, descartan que la causa pueda ser un estrella binaria con el Sol, Némesis, ya que su órbita es inestable con el tiempo, apoyándose en el artículo, ya citado, de Piet Hut (1984)[1] donde comentaba que la órbita de Némesis podría variar entre un 10 y un 20% en los últimos 250 millones de años.

Esto es justo lo contrario de lo que el autor concluía en ese artículo. Veamos lo que ha dicho recientemente (2018) Piet Hut a este respecto en el website [3] del Institute for Advanced Study, Princenton, USA, del que es miembro desde hace 25 años.
Piet Hut
"Una crítica más seria se refería a la falta de estabilidad de una órbita alrededor del Sol en un período de decenas de millones de años. Tal órbita no estaría lejos de la esfera de influencia de las estrellas cercanas, lo que perturbaría constantemente la órbita. Estas perturbaciones no solo amenazarían con liberar a Némesis, sino que también impedirían una periodicidad precisa, mucho antes de que interrumpieran su órbita.
Este problema fue abordado a través de una gran cantidad de simulaciones de diferentes órbitas candidatas de Némesis en el artículo "How stable is an astronomical clock which can trigger mass extinctions on earth?" [1] donde demostré que todo está bien: aunque la periodicidad orbital se volverá ruidosa a través de las perturbaciones de otras estrellas, en la mayoría de los casos la periodicidad está bien preservada durante el período de 250 millones de años para el cual Raup y Sepkoski ajustaron originalmente el tiempo del últimas diez grandes extinciones masivas."
REFERENCIAS
[1]"How stable is an astronomical clock which can trigger mass extinctions on earth?", Piet Hut, 1984, Nature 311, 638-641
[2]"Nemesis Reconsidered", Adrian L. Melott&Richard K. Bambach, Monthly Notices of the Royal Astronomical Society 407(1), July 2010.
[3]"Nemesis: A Solar Companion?", Piet Hut, 2018, Institute for Advanced Study, Princeton.

miércoles, 6 de junio de 2018

El Planeta Nueve podría no existir

Esta es la noticía que ha aparecido en las últimas 48 horas en numerosos medios de comunicación. Los artículos publicados hacen referencia a un trabajo de investigación presentado el 4 de junio de 2018 por Ann-Marie Madigan y Jacob Felisig (Universidad de Colorado Boulder, U.S.A.) en el 232 Encuentro de la American Astronomical Society, celebrado en Denver (Colorado).
Ann-Marie Madigan
Este equipo de la Universidad de Colorado intentaba explicar el anómalo comportamiento de algunos cuerpos celestes situados en los confines del Sistema Solar sin tener en cuenta al Planeta Nueve. Entre esos cuerpos se encuentra Sedna, un planetoide situado a 13.000 millones de kilómetros del Sol en una órbita que le lleva más de 10.000 años en recorrerla.
Crédito: Wikipedia Commons
El punto de partida de esta nueva investigación es que, dado que existe una gran cantidad de objetos helados más allá de Neptuno (TNOs), ¿podría la gravedad colectiva de ellos ser la responsable de estas extrañas órbitas? Para ello, realizaron intensivas simulaciones por computadora con numerosos TNOs (reales y simulados) y encontraron que estos objetos helados orbitan alrededor del Sol como las manecillas de un reloj. Las órbitas de objetos más pequeños, como los asteroides, sin embargo, se mueven más rápido que los más grandes, como le ocurre a Sedna.

"Ves un montón de órbitas de objetos más pequeños a un lado del Sol", señala Jacob Fleisig, estudiante de astrofísica y autor principal de la nueva investigación. "Estas órbitas colisionan gravitacionalmente contra el cuerpo más grande, y lo que sucede es que esas interacciones cambiarán su órbita de una forma ovalada a una forma más circular".

En otras palabras, la órbita de Sedna pasa de normal a completamente separada debido a esas interacciones a pequeña escala. Las observaciones del equipo también están en línea con las investigaciones de 2012, que observaron que cuanto más grande es un objeto separado, más lejos se encuentra su órbita del Sol.

Sin embargo, este nuevo modelo no explica el hecho extraño de que las órbitas de los objetos separados se inclinan de la misma manera. "El Planeta Nueve explica esto muy bien, y nosotros no", dijo Madigan. Irónicamente, mientras la nueva investigación descarta la necesidad de un planeta desconocido, requiere la presencia de miles de objetos pequeños que no han sido observados. "Los pocos que hemos visto no son suficientes", dijo Jacob Fleisig.
Clic para agrandar. Crédito: Wikipedia
Por último, hay que tener en cuenta que la presencia del Planeta Nueve, no sólo explica el agrupamiento e inclinación de las extrañas órbitas de estos lejanos cuerpos celestes, sino también la inclinación de 6º de Sol respecto del Sistema Solar y el punto del cielo desde donde parecen provenir numerosos cometas de largo período.

Este trabajo de Ann-Marie Madigan y su equipo no ofrece una explicación para todo esto.