domingo, 17 de diciembre de 2017

Chicxulub: el cráter de la Muerte (II)

Desde hace dos siglos, la Geología y la Paleontología están atrapadas en el dogma inquebrantable del "gradualismo": todos los cambios en la Tierra se producen lenta y gradualmente y, por supuesto, por causas exclusivamente terrestres.

Todos aquellos científicos que en sus trabajos proponían que algunos de estos cambios eran abruptos y catastróficos, eran menospreciados por salirse del dogma e incluso objeto de hostilidad por parte de sus colegas. Este fue el caso del geólogo norteamericano J. Harlen Bretz, que en la década de 1920 atribuyó los enormes canales secos de Spoke (Washington, U.S.A.) a una inundación gigantesca y catastrófica de la época glaciar. Todo el peso de la doctrina gradualista cayó sobre Bretz que fue ignorado hasta que, en la década de 1940, otros trabajos científicos le dieron la razón y en 1965 (¡45 años después!), J.Harlen Bretz, con 83, años recibió el reconocimiento a su descubrimiento.

Hay otro caso parecido en el tema de la extinción masiva del Cretácico. Dale Alan Russell, geólogo y paleontólogo americano-canadiense, había examinado con detalle el registro estratigráfico de la desaparición de los dinosaurios y estaba convencido de que se había producido de manera súbita. Como no hay un mecanismo terrestre capaz de exterminar de repente a los dinosaurios (y otras especies), solo se podía atribuir a una causa extraterrestre. En 1971, Dale Russell y el físico Wallace Trucker propusieron ("Nature", 229 (1971), pp. 553-554)  la explosión de una supernova cercana a la Tierra como causa principal de esta extinción.

Los colegas de Dale Russell ignoraron su trabajo, y hasta causó algunas risas, no porque su supernova pudiera existir o no, sino porque proponía una causa extraterrestre para la desaparición catastrófica de los dinosaurios. Eso era una propuesta maldita ante los ojos del dogma del gradualismo oficial.
  • Más tarde, esta hipótesis se descartó porque exigía la presencia de un isótopo pesado del Plutonio, el Pu-244, en la capa límite K-T. Todos los análisis realizados no detectaron ninguna traza de este isótopo.
Con estos precedentes, es fácil adivinar cómo recibió la comunidad científica el trabajo publicado en 1980 por Walter Alvarez y colaboradores, "Extraterrestrial Cause for the Cretaceus-Tertiary Extinction" ("Causa extraterrestre para la extinción del Cretacéo-Terciario") en la revista Science (Vol. 208, nº 4448, pp.1.095-1.118), en el que exponían su descubrimiento del iridio como marcador del impacto de un enorme asteroide que causó la desaparición brusca del 80% de los seres vivos. El rechazo fue casi total y se desató una encendida controversia que se extendió durante la década de 1980, donde se llegaron a publicar 2.000 artículos científicos sobre este tema.
Más pruebas
Como la realidad es tenaz y se resiste a que la oculten, pronto aparecieron más pruebas. Se informaron de más anomalías de iridio en muestras de Nueva Zelanda, la ya citada de Caravaca (España), otra en una muestra profunda tomada en el océano Pacífico y otra en el límite K-T de la capa arcillosa de Los Álamos (California, EE.UU.). Por otro lado, dos equipos independientes confirmaron la anomalía de iridio en los acantilados Stevns Klint de Dinamarca. Finalmente, como ya expusimos en la entrada anterior de este blog, en 2016 ya eran 103 las localidades en todo el planeta que mostraban esta anomalía en su límite K-T.
Crédito imagen: Saturnian Cosmology
Cuarzo chocado
En 1984, un grupo dirigido por el geólogo nortemaricano, Bruce Bohor, descubrió en la capa K-T de depósitos continentales en varias localidades de EE.UU. la presencia de granos de "cuarzo chocado" (shocked quartz): cristales de cuarzo dañados de una forma insólita, con múltiples conjuntos de bandas de deformación planar que se pueden ver al microscopio. Estas bandas de deformación se producen cuando la onda de choque del impacto pasar por la roca circundante alcanzada.
Este tipo de cuarzo dañado ya se conocía que estaba presente en las rocas cercanas a los cráteres de impacto comprobados que hay sobre la superficie de la Tierra. Su presencia en la capa estatigráfica K-T es una evidencia de un potente choque con un cuerpo extraterrestre en esa época.
Microtectitas
Cuando una roca se funde y se enfría rápidamente, no da tiempo a que se formen cristales. En su lugar, se forma vidrio que conserva la composición química del material original. El problema es que este vidrio es inestable y se descompone fácilmente en arcilla, por lo que el vidrio geológico antiguo es raro de encontrar. Si realmente hubo un enorme impacto en el Cretácico, la inmensa energía desatada en un instante debería de haber formado vidrio en el límite K-T, pero...¿habría sobrevivido algo de ese vidrio después de 65 millones de años?

A principio de 1991, cuatro grupos diferentes de científicos encontraron vidrio en forma de esférulas, llamadas "microtectitas" en varias capas K-T. Las microtectitas son gotitas de vidrio fundido por el impacto que habían sido lanzadas al espacio, más allá de la atmósfera, y habían caído de nuevo a la Tierra. Otra prueba más de un impacto en el Cretácico.
¿Dónde está el cráter?
Extinción masiva brusca de seres vivos, cantidades anómalas de iridio a escala planetaria, presencia de cuarzo chocado y microtectitas en la capa K-T, todas son importantes pruebas de un enorme impacto de un asteroide en la Tierra en el Cretácico, pero son pruebas indirectas que no terminaban de convencer a los escépticos.

Faltaba la prueba principal que despejaría todas las dudas...¿dónde está el cráter gigantesco que debió crearse en ese impacto extraterrestre?
Continuará...

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