sábado, 28 de abril de 2018

El Reloj de la Muerte sigue avanzando

 27/04/2018
Adriana Ocampo (Barranquilla, Colombia, 1955) es geóloga planetaria de la NASA y una de las responsables científicas del programa Nuevas Fronteras, que comprende las misiones de exploración a Júpiter, Plutón o al asteroide Bennu.

Ocampo, que estuvo el jueves en Madrid (España) para participar en la octava edición de National Geographic Mentes Brillantes, organizada por TPI, identificó a finales de los años 80 el lugar de la Península del Yucatán (México) en el que hace 66 millones de años cayó el gigantesco asteroide que acabó con los dinosaurios y con muchas otras especies.
Adriana Ocampo. Crédito: El Mundo

A raíz de una conferencia en México, comenzó a colaborar con un equipo de arqueólogos que investigaba las causas del declive de la civilización maya."Usaban imágenes de satélite para detectar dónde estaban los canales de irrigación para la agricultura y ver si había habido sequías. Encontraron un semicírculo pero no sabían qué era. Cuando lo vi pensé en un impacto", recuerda.

Y allí, en Chicxulub, encontraron la huellas de ese cráter, corroborando la controvertida teoría que Walter Alvarez y su padre, el Nobel Luis Álvarez, propusieron en 1980. "Ellos tenían como prueba una gran concentración de iridio, que sólo se puede encontrar en asteroides o cometas. En aquella época se calculó que la roca tenía un tamaño de 12 a 17 kilómetros de diámetro. Nadie quería creer entonces que la Tierra había sufrido un impacto pero hoy en día sabemos que es cada día caen micrometeoritos", relata Ocampo, que ha hecho seis expediciones al cráter para investigar la gran extinción, el tema de su tesis doctoral.

P.- Descríbame cómo cree que se produjo esa extinción masiva hace 66 millones de años.

R.- Probablemente nuestra biosfera era muy diferente. El clima era más cálido y había más regiones tropicales. Los dinosaurios habían dominado la Tierra durante más de 150 millones de años pero entonces vino este bólido e impactó en el lugar más letal, en la zona en cuyo subsuelo había mayor cantidad de azufre. Se generó una sopa química que en segundos inyectó toneladas de ácido sulfúrico en la atmósfera, que se volvió opaca, y hubo incendios globales. La energía solar dejó de llegar a las plantas, así que los dinosaurios y otros animales herbívoros se quedaron sin comida y con ello, los dinosaurios carnívoros tampoco tenían qué comer. Es decir, se rompió el ciclo y el 70% de las especies se extinguieron. Los animales que vivían en la profundidad del océano y los pequeños mamíferos, que en cierto modo son de los que descendemos, fueron los que pudieron sobrevivir porque no tenían tantas necesidades como los dinosaurios, que ingerían grandes cantidades de comida. ¿Por qué estudiamos esto? Porque va a volver a ocurrir.

 P.- ¿Hasta qué punto ve posible o probable que vuelva a caer un asteroide tan grande?

 R.- Nosotros no hablamos de si puede volver a caer, sino de cuándo. Hay una certeza, aunque puede ser dentro de millones de años. Hasta ahora, ha habido cinco extinciones masivas en nuestro planeta. Siempre digo que tuvimos la ayuda de las estrellas porque ese asteroide nos dio una oportunidad a los mamíferos para poder competir y evolucionar hacia los Homo sapiens. No podíamos competir con los dinosaurios. Ayudó a nuestra especie.

P.- Si no hubiera caído este asteroide, ¿no habríamos surgido los humanos?

R.- Quizás no. Sabíamos que había dinosaurios como el velociraptor que estaba desarrollando más inteligencia y hasta parece que tenía capacidades de comunicación, pero la vida en nuestro planeta hubiera sido muy diferente sin ese impacto. No sabemos cuándo va a caer otro asteroide, pero lo que hacemos es rastrear el cielo para identificarlos. La NASA ha creado la Oficina de Defensa Planetaria y tenemos dos misiones dedicadas a este tema. En unos años lanzaremos DART, un misión tecnológica para estudiar cómo cambiar la trayectoria de un asteroide peligroso, y Osiris-Rex, que en septiembre de este año llegará al asteroide Bennu, que tiene el potencial de impactar contra la Tierra en el futuro, para tomar muestras y traerlas en 2023.
Crédito: Astrofísica y Física
P.- ¿Qué cantidad de muestras del asteroide Bennu va a traer Osiris-Rex? 

R.- El requerimiento es que traiga gramos, aunque en los ensayos que hicimos en la Tierra pudo recoger kilos. Hay mucho interés científico por estudiarlas porque sabemos que Bennu tiene aminoácidos, los materiales claves que hacen falta para que se forme la vida. Y también hay interés por determinar las propiedades mecánicas de su suelo, algo importante para aprender a desviar estas rocas.

P.- Cada vez tienen más asteroides identificados pero de repente uno cayó en Chelyabinsk (Rusia), causando miles de heridos, y no pudieron detectarlo con antelación.

R.- ¿Por qué pasó? Porque vino de la dirección del Sol y no pudimos verlo. El Sol nos cegó.

P.- Y si viene otro asteroide más grande en dirección del Sol, ¿tampoco lo podrán ver?

R.- Probablemente no, tendríamos muy poco tiempo para poder hacer algo. Por eso es tan importante que sigamos desarrollando tecnologías y metodologías para observar incluso en la dirección del Sol. Pero tenemos que colaborar porque es algo que nos incumbe a todos. Ojalá seamos una especie inteligente y cuando llegue el momento, estemos preparados para desviar su trayectoria y no nos pase como a los dinosaurios, que no pudieron hacer nada.

P.- ¿Existe el planeta Nueve?

R.- Uno de los resultados más interesantes de la misión New Horizons es que nos ha abierto los ojos hacia un nuevo sistema solar. Hoy en día, cuando nos preguntan cuántos planetas hay, podemos decir que ocho, pero hay miles de pequeños planetas orbitando, la mayoría sin descubrir. Es posible que exista un planeta enorme con una órbita tan enorme que requiere de mucho tiempo para dar la vuelta al Sol y, por tanto, no lo hayamos visto aún. Plutón también se detectó por la perturbación gravitacional.

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